Los putos humanos tendemos a practicar lo que llamo la Ley de " Yo y mi pecho somos uno", una ley por la que pensamos que nuestras ideas son las mejores y gracias a ellas nos tenemos en muy alta consideración. Y eso da lo mismo si uno es religioso o ateo, de derechas o de izquierdas.
Incluso hay quien piensa que lo mejor en esta vida es darle la razón a todo el mundo, porque está convencido de que la gente no acostumbra a cambiar de forma de pensar. Podría dar unos cuantos nombres de personas que actúan así. He visto a un tío muy listo con gafas en el transcurso de dos minutos dar la razón a dos seres humanos que opinaban radicalmente diferente.
Tengo para mi que ,en general, ni yo ni nadie ha estudiado nunca algo hasta el fondo. Fuera parte que yo soy de condición muy dispersa. Uno recuerda muchas broncas por " ¡a ver si atiendes, coño!, o "¡ estás siempre en Babia!", o el famoso " ¡ cuando caerás del burro!".
Para defenderme en la vida uno ha sido muy de imitar modelos que me gustaban. Yo fusilo mucho. Copio desde muy pequeño. Toda mi infancia, mi adolescencia, mi juventud, ha sido fijarme en personas que admiraba y darme un aire hasta fijar carácter, el mío.
También pienso que el ser humano, por muy moldeable que sea, tiene una tendencia a la disgregación y al dinamismo que le impide llegar a lo más profundo. Escribo en general. Siempre habrá excepciones.
Cuántas veces he pensado que el fracaso de la cultura de cinco tenedores- la exclusiva, distinta, la del rollo ese de " educar en el liderazgo" - no se debe a los planes de estudio, sino a la querencia del ser humano por la claridad, la sencillez y la alegría.
Mal se puede llevar una persona sana y alegre con cierto tipo de cultura que muchas veces es un somnífero que solo resisten seres cuya vida se ha detenido:
- ¿ No se referirá usted a colegios como los Highlands?
- Pues sí. Tuve oportunidad de conocerlos cuando estuve de comercial de la cosa del comer , allá en mi anterior vida. Querían educar líderes con profes que son muy majetes, pero de líderes no tienen nada.
Un profe con sueldos chungos no puede educar en el liderazgo a un niño que esquía en Davos.
Se cuenta que estaba Borges reunido en París con un grupo de intelectuales franceses y se le ocurrió preguntarles:
—Pero a ustedes…, ¿el cine que más les gusta es el de Renoir, Godard, Truffaut…?
—No —le respondieron casi al unísono—, a estos los elogiamos, pero el cine que nos gusta es el que gusta a todo el mundo, el cine americano.
El de las palomitas , el que hace reír, soñar, divertirse.