Antes estaba tan obsesionado en que mi vida fuese única, irrepetible, original. No quería parecerme a nadie.
Pero a medida que he ido viviendo me he dado cuenta de que es una preocupación exagerada: la mayoría de nosotros nos parecemos tanto. Es verdad que hay muchos sepulcros blanqueados que pueden darnos lecciones de moral, de limpieza, de orden de, en fin, de los que dicen lo que hay que hacer o no.
Pero , ¡ puaj!, mentira. Todos somos contradictorios, estamos a medio cocer, y equivocarse - cagarla, que dicen los maños- forma parte de nuestra esencia.
Somos como aquel arquero famoso, de puntería tan desastrosa, con el que Sócrates solo se sentía seguro colocándose en el centro de la diana. Porque es que no damos una.
Ahora estoy con una mujer , tan a gusto, tan feliz y tan campante, que me me quiere como soy. Mucha gente que me conoce y que ha venido a pasar unos días a Galicia , cuando les he presentado a María José, se han quedado deslumbrados.
- ¿ De dónde has sacado esa maravilla, rubia, ojos azules, encantadora, discreta y...y...y...
Porque la gente se queda muda. No pueden terminar la frase.
No me creéis. Muy bien. Ahí va un dato. Fuimos en taxi a Pontevedra y cuando llegamos al destino se bajó primero ella y me dejó pagando la carrera.
- Oiga, ¿ quien es la mujer que va con usted?- dijo el conductor asombrado . Tan encantadora, tan delicada , tan llena de vida, tan...tan...tan...
Ninguno acaba de definir a María José. Se quedan lelos.
Una vez , Alfredo A. , que ha sido jurado de Mis Galicia - o sea, que sabe de qué habla- me dijo "Tienes una mujer que es como el gato de Chesire, que cuando se va , su sonrisa se queda allí, suspendida en el aire, llenándolo todo".
Si con eso no tenéis bastante, pues ya me diréis.
Os voy a decir un secreto. Dios esconde una buena variedad de buenos trucos en la manga celestial de su túnica blanca y, de vez en cuando, nos sorprende sacando una hermosa paloma blanca, blanquísima, le da un toque con su varita, sopla, y ¡ fiussss!", aparece María José.
Eso es lo que sucedió. Lo juro. Porque mujeres así no crecen en el bosque así como así.
Hoy iré al Gimnasio . Luego pasaré por la iglesia de Caldas y cazaré a algún peregrino. Después escribiré, y leeré y andaré, y veré una película con María José, que es que la quiero tanto que me subo por las paredes y no sé como no me mato.
Aquí se está a favor de los vagos, de los desastres, de los que no soportan las ocho horas laborales, de los que son incapaces de orden y disciplina, de los que ya se han dado cuenta de que quedarse en el suelo es la mejor manera de no volverse a caer. Me dirijo a un público que ni siquiera desea realizarse.
Bienaventurados los seres sin voluntad, porque nunca incendiarán la biblioteca de Alejandría. Bienaventurados los perros ladradores, porque nunca serán mordedores. Bienaventurados los canijos, porque nunca harán sombra a otros. Bienaventurados los sin fruto, porque nunca tendrán gusano. Bienaventuradas las putas porque son un sacramental.
Bienaventurada María José porque dentro, y detrás, y arriba, y abajo de las palabras sólo te tengo a ti.
Qué pena quien no ha perdido por amor una casa. Qué pena el que vive respetado y bienpensante, sin haber metido la pata, completo en su perfección.
Me importa lo que sucede en la noche estrellada de esta página.
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