Hay que leer novela y beber de ellas como la tierra necesita de la lluvia , para nutrirse en sus charcos.
Hay mucho fango en las sagradas escrituras.
Hay personas que saben que en este mundo solamente hay una desgracia mayor que desear algo con toda el alma y no tenerlo: desear algo con toda el alma y tenerlo. Y hay personas que no lo saben.
La vida - ése barullo en la herida - es así....El barullo de cada día.
Hay que leer novela y beber de ellas como la tierra necesita de la lluvia , para nutrirse en sus charcos.
Existe un miedo necesario para la supervivencia que compartimos con los animales. El miedo a las alturas, a los extraños o a lo desconocido es ese que nos viene instalado de serie y nos permite ir con ojo.
Hay otros miedos que se van instalando en nosotros con el paso del tiempo : la educación que recibimos, los convencionalismos, el miedo al qué dirán, a que te saquen cantares , no ser lo que otros esperan, sentir diferente, o intentar ser felices a nuestro modo.
Vivimos castrados por esos miedos mientras dejamos pasar eso que tanto vale pero no se compra y es el tiempo.
Los miedos nos impiden ver el jardín, es la bola en el tobillo que no nos deja avanzar.
No hace falta ser fuerte para vencer nuestros miedos pero sí encontrar el motivo por el que no despegas.
Hay vida más allá de muchos miedos. Concretamente, la tuya.
Los monos,los felinos y nosotros compartimos la visión estereoscópica.
Gracias a ella vemos la realidad en tres dimensiones y podemos enfocar los objetos con gran precisión.
Lo conocí en mi última etapa en sant Cugat.
Se llama Antonio. Tiene cerca de 80 años y es un señor. Hombre cabal, de una integridad sin artificio y ostentación. Es cultísimo.o
Nos conocimos en la barra de un bar donde él iba a tomar su cerveza, y yo mi vodka con naranja. Le conté mi vida, y el la suya. Hombre de misa diaria que no escondía su condición de persona de fe.
En ese bar se recogían las ganaderías más variadas, en general gente sencilla, algo bebida, otros solitarios que resuelven crucigramas a gritos, algunos que ven el programa " ¡ahora caigo!" y toman la penúltima.
Alí los ostias, güendios, la Virgen y todos los santos, van y vienen, como sobrevolando el ambiente.
Excepto cuando está Antonio.
Hay días que nos sentábamos de tertulia y bromeamos, nos empuyamos. Un día Antonio salió a hacer un recado. Quedamos cinco en la mesa. Y uno comentó " no sé qué tiene Don Antonio ( todos le llaman " don" ) que cuando está él no decimos "¡ güendiós!".e
Desconozco cuántos de la condición de este caballero frecuentan tugurios como él, pero tengo claro que este sí está en medio de la calle y que hace de clavillo de un abanico maravilloso donde está él.
Será divertido ver en su funeral la cara de la gente cuando vea entrar en el Monasterio la tropa ésta a presentar sus respetos.
Por cierto, y ya que estamos en ello, mi madre fue, es. ese clavillo que nos unió a todos. Justo es reconocerlo.
Hoy cumple años mi madre, noventa, ¡casi nada!
Los cumple el ocho, pero se adelanta la celebration.
A veces pienso que durante años fui como esas tapias, con esos carteles que se superponen unos con otros.
El anuncio de un concierto dura exactamente tres cuartos de hora hasta que viene otro cartel de una inmobiliaria que lo cubre, o de un puticlú, después un anuncio de un circo que pasa por la ciudad.
Consumí sin orden. Daba lo mismo belleza, fealdad, tristeza o alegría. Una vida desordenada y sin criterio.
Así me ha ido.
Piensa en los hombres y mujeres a quienes les quitan sus casas, los que no consiguen trabajo, los que tienen que cuidar a sus enfermos sin la ayuda de nadie o emigrar a países cuya lengua y costumbres desconocen.
