AMARGAS COMO LA HIEL, AGRIAS COMO EL VINAGRE, REPUGNANTES COMO EL REGALGAR.

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domingo, 10 de noviembre de 2019

“No encontraréis la felicidad fuera de vuestro camino, hijos. Si alguien se descaminara, le quedaría un remordimiento tremendo: sería un desgraciado. Hasta esas cosas que dan a la gente una relativa felicidad, en una persona que abandona su vocación se hacen amargas como la hiel, agrias como el vinagre, repugnantes como el rejalgar.”

Esta es la maldición del rejalgar que san Josemaría deseaba a aquellos  que abandonaban la vocación a la opus.

Es doloroso ver personas enredadas en la maldición del rejalgar, como constreñidas o aplastadas por la creencia de que lo mejor para su vida y su alma es algo que abandonaron y a lo que no pueden regresar.

Una pena…porque todo es mentira.

UNA VELA.

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sábado, 9 de noviembre de 2019

Un simple vestido de fiesta (CHRISTIAN BOBIN)

"Tal vez no sepamos rezar como se debe: siempre demasiado ruido en nuestros labios, siempre demasiadas cosas en nuestros corazones. 
En las iglesias nadie reza salvo las velas. Ellas pierden toda su sangre. Consumen toda su mecha. No se reservan nada para ellas, dan todo lo que son, y ese don pasa a ser luz. La imagen más bella de la oración, el lento desgaste de una vela en una fría Iglesia".

Mi dolor es no poder hablarte, ni saber si estás aquí, ahora, y si eres capaz de interpretar en mi forma de mirar silencios que te aman.

Tengo la intuición de una certeza, un pequeño amor  imaginado, hecho  de segundos que  robé  tu corazón, y tú sin darte cuenta.

Rozo en el agua  tu reflejo, tu brasa encendida casi beso,  siento el  torbellino de tu viento que juega conmigo y no te veo. Mi vela tu fuego  ha deformado, derretida su  forma  de  antaño, parece que llora una espera, lágrimas de ayer que me sueldan. 

Y no me olvido de las cosas  pasadas, que unas se amontonan sobre otras, lágrimas soldadas del  ayer por tantas cosas sin hacer, o rotas.


¡LÁZARO, SAL FUERA !

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viernes, 8 de noviembre de 2019

Hay un tipo de  espíritu  que hay que ayudar a  salir adelante. Son esas  personas que nos rodean- están vivos-  y van vendados como Lázaro al salir del sepulcro ( "ya hiede "). Son las vendas de sus malos rollos, sus angustias, sus desasosiegos. No consiguen desprenderse de  tanta podredumbre. Viven envueltos en sus propias apósitos.

Están a un paso de descubrir su propia resurrección , pero también están a  un paso de regresar al sepulcro y blasfemar "¿por qué me haces esto  y te dices amigo mío?: ¡no quiero ser resucitado!, ¿a quién preguntaste si quería volver a la luz y a la vida? ...

¡Pobres Lázaros!: como rosas que mueren , se inclinan hacia la luz de la entrada de la cueva sepulcral  - como si la luz tuviese que susurrarles algo . Pero están sordos , y tienen miedo.

Hay quien piensa que Lázaro no perdonó esa resurrección. ¡se estaba tan bien en la sepultura!


¿ TE ACUERDAS?

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jueves, 7 de noviembre de 2019

Recuerdo cuando viví sin móviles ni internet. Cuando uno llamaba por teléfono a casa de esa chica que te gustaba , y cogía la madre , ¡ o el padre!, y se  ponía un nudo en la garganta y colgabas. ¡ Joder qué angustia!

Pero era el único modo de hablar con esa Matilde, que así se llamaba, y a ver qué tal, si quedábamos y eso.

Y no sé cómo lo hacía, pero quedábamos.

Después de ver la tele por la tarde uno se iba  a golfear con los amigos y hacer la calle. Dios…me encantaba callejear y hacer gamberradas y  me encantaba pensar que, en un rato, iba a aparecer Matilde y sus amigas , y se encendía  Zaragoza.

Me despedía de mis padres sin dar muchas explicaciones y bajaba en el ascensor hasta el portal. Y allí , ¡joder, allí!,  ¡qué historias!

Una vez, en  el club social de los jesuítas, quedamos a bailar con Elsa, Matilde, Lidón, Carolina....la discoteca era lo de menos porque, cuando se apagaban las luces, empezaba el baile de manos, de entrelazar dedos, de caricias sin que se notara, de aguantar la respiración en un sentir el broche del sostén , tratando de mantener la compostura. 

Con Elsa, que encima no me gustaba,  descubrí el deseo, el placer de las caricias, de ir un poco más allá pero sin llegar al final porque además se me había dormido el brazo y no sentía más que un hormigueo horrible. 

Fin del baile, y las pulsaciones que vuelven a su ritmo habitual a la vez que se encienden las luces. de la sala y el padre Cavero que dice que los mochuelos a su nido.

Y tocaba regresar a casa…habíamos estado cuatro o cinco horas juntos y parecía que habían sido diez minutos. Al llegar a casa ibas directo a tu habitación sin decir ni mú.  Y te soñabas un beso en el que te habrías quedado a vivir sin dudarlo. 

El domingo había terminado ya. Una semana por delante en la que, cada vez que volvería llamarte por teléfono, saldrías corriendo a cogerlo y se pondría antes tu madre...¡joder, y colgar!

Esos eran nuestros domingos, ¿recuerdas?


MI ALMA

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miércoles, 6 de noviembre de 2019

De bien pequeño me anduve dando vueltas al sidral del "alma".

En los jesuítas me enseñaron que estábamos compuesto de alma y cuerpo. Eso me tenía muy inquieto. Confundía el alma con mi ángel de la guardia.

Mi padre cantaba eso de "te quiero con el alma, y el alma nunca se muere. Me gustaba querer así, con toda el alma. Sonaba, y suena, rotundo, oceánico.

De canijo pensaba que el alma era algo pequeño, un poco como algo vaporoso, transparente y un poco como las nubes de los Simpson. Que estaba flotando en una zona indeterminada de mi interior pero cerca del corazón. 

Pensaba  que, cuando me emocionaba y tenía ganas de llorar con esa sensación de cosa allá dentro que se agarraba al pech, que me ahogaba, era porque el alma crecía, y como que se inundaba por todo mi ser.

Eso me sucedía enamorado, o cuando me contaban historias de gente muy muy. También en el cine. O al cantar.

Así viví muchos años. Hasta que olvidé que tenía alma.


Fue esa época que viví una doble vida cínica, despreocupada, lejana, indiferente. Era la única forma de actuar de una manera y pensar de otra. De pensar poco y sentir mucho. Una época de muchas risas y poca seriedad. De malos rollos, de sentimientos que no sabía gestionar. De sonrisas sin saber por qué, de pensamientos y cabeza en las nubes, y el coprazón en el desvarío… como para pensar en aquella nubecita transparente y un poco azul que se supone que estaba flotando muy cerca del corazón.

Un día volví a sentirla en mi interior. Fue en aquél momento en el que, por primera vez, sentí la pérdida de alguien muy querido. La única persona que de verdad amé, o que me enseñó a amar, porque después de ella ya no he vuelto a ser el mismo. No...

Fue de noche. Llegué a casa. Y me encontré solo. Muy solo. La acabábamos de enterrar y todos esos días habían sido de un no parar. Y al llegar a esa habitación que habíamos compartido , ese vacío, esa sábanas, ese hueco infinito...y rompí a llorar de una forma oceánica, desgarradora, infinita

Y supe que se había roto, que se había quebrado por algún lado. Y supe que ya no era de ese color transparente y un poco azul del cielo de los Simpson. Y supe también que nunca volvería a ser el mismo.

Desde aquel momento noté de nuevo en mí eso que yo conocía como alma, aunque algo había cambiado.  

Ya no era esa nube pequeña, sino algo más grande porque ahora sé que mi alma tiene muchas cosas que sentir, tiene mucho más trabajo ahora que cuando era un chaval. Ahora siento, amo, me conmuevo, me rebelo, me enfado y amenazo.

Ahora  , a veces, no me deja respirar, me advierte, se hincha, se hace escuchar, se queda en silencio, se rompe en mayor o menor medida…pero siempre aguanta el temporal. 

Es fuerte, es la que nos hace fuertes, es también mi forma de rezar en lo escondido… es hermosa, es mi Alma.


FECHA DE CADUCIDAD.

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domingo, 3 de noviembre de 2019

Amores locos. Aventuras imposibles. Y, aunque lo que hacíamos estaba en la lista de los pecadotes mortales, no andábamos lejos de la adolescencia.

Esperando a escapar con ella. ¡ Qué historias!

Salir cerrando la puerta . Bajar las escaleras saltando de dos en dos…sabiendo que me estaba esperando en el interior de un coche , limpio y perfumado y escuchando  baladas de Roy Orbison. Sabía que estaría fumando un cigarrillo. Sabía que,  al verme lo apagaría en el cenicero, y que sus  ojos brillarían más que la pequeña brasa roja que acababa de caer desde tus dedos. 

Sabía que me diría que me quería con locura. Y yo le contestaría que también. Mucho. Que tomaría mi cara entre tus manos y me besaría. Y yo me dejaría.

Sabía que echaría a correr carretera adelante , entre campos infinitos de cereales, que iríamos por el camino  antiguo  hasta ese pinar donde no hay nadie por la noche, que nos sentaríamos en la entrada de la vieja ermita , que nos besaríamos, nos tocaríamos y nos diríamos no sé cuántas veces que nos queríamos.

Sabía que me diría que me prometería irnos muy lejos,  y yo le  diría  que sí, que vale…y era cierto. Sabía que me diría que un día iría a vivir a Barcelona, que lo dejaría todo y viviríamos juntos. Sabía que miraríamos la luna sobre esos campos de trigo e iríamos enumerando todos esos lugares a los que íbamos a viajar juntos. Sabía que mi corazón no podía latir más fuerte, que seguro podías escucharlo. Sabía que no podía quererte más.

Y todo era cierto, todo era real…tan real como que con esos años que teníamos, y con tu gente, y yo con la mía,  esos amores  tenían escrito en la tapa una  fecha de caducidad ,  y que nuestro amor tenía como fecha de caducidad el treinta y uno de agosto.



DIFUNTOS

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sábado, 2 de noviembre de 2019

Me dices, "no crees que deberías olvidarla ya?"

Y me lo dices tú, que me enseñaste que hay un después, y que hay vida más allá de la vida. 

Quien me quiera vendrá conmigo, o sea, con todos los migos que he amado y he querido. Y no, no pienso olvidar a nadie.

Estos días de difuntos me voy  con la imaginación a esa lápida, a esos campos de Matilla. Me importa nada que me entiendas o no. 

Me siento en esa losa, sencilla , como eras tú. Porque fuimos nosotros los que hicimos pequeño nuestro mundo, lo hicimos para dos. Un mundo amable, alegre, divertido.  Un mundo en que muchas cosas que eran  obvias para muchos, fueron nuevas para nosotros. Un mundo maravilloso, en el que  empezamos a vivir nuevas situaciones, nuevas personas, nuevas etapas… Un mundo en el que hasta tú eres nueva. 

Sentado aquí  te miro y rezo. Y no me reconozco. Y aprovecho la situación para reinventarte de una forma en la que te gustas más. Y  después ya seguiré  adelante.

Pero en ese mundo pequeño nuestro cabía mucho. Tuvimos noches eternas, días de risas, momentos en los que pudimos parar el tiempo y hasta el espacio. Tuvimos besos que comenzaban con un roce de labios y terminaban en fuegos artificiales, caricias que se marcaban a fuego en la piel. Tuvimos minutos que eran horas y horas que eran días. Tuvimos complicidad, lealtad, tuvimos planes, rompimos otros, hicimos y deshicimos equipajes, vivimos y viajamos, conocimos y tuvimos que desconocer. 

Tuvimos ese hombro donde llorar en los malos momentos, esa mano que sujetaba la del otro cuando caía y daba fuerza en esos momentos en los que te pedía perdón y tú perdonabas con  esa sonrisa que hacía que se disiparan las nubes en nuestros días nublados.

Supimos estar.

Supimos ser.

Y eso se ve más claro ahora, cuando ha pasado tiempo. Cuando todo se posa. Cuando volvemos a ser nosotros. Tú en tu cielo, yo aquí, no sé dónde. 

Ahora, cuando somos capaces de tomar distancia, mirar hacia atrás y sonreír. 

 Sé que no volveré a estar contigo. No de esta forma.  Ahora nos valoramos. Ahora sabemos cómo somos. Pero hay que reconocerlo…

¡ Qué bien lo pasamos, Manuela, y cómo nos quisimos!



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