ABISAL

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sábado, 18 de enero de 2020

Hay unos peces que viven en las profundidades abisales. Se alimentan del plancton microscópico, son transparentes, traslúcidos, con unos colores maravillosos en sus contornos. De una belleza inquietante,  pues  es una belleza creada para no ser vista. 

Allá abajo no llega la luz, y si se les fotografía, fallecen. 

Así son nuestras verdades más profundas. No podemos mostrarlas  a la luz de los demás porque morirían. No todo el mundo entiende las razones profundas de nuestros amores, de los quereres, de las entregas personales. Tienen que vivir en la intimidad de nuestro corazón, y alimentarse de lo pequeño.

El mayor error es satisfacer los deseos propios...¿quién necesita más el amor, la  joven  que está esperando al príncipe azul que la conquiste, o el viejo libertino que pudre todo lo que toca?

¿Quién necesita más el pan, el pobre que le alimenta, o el rico que lo vomita?

No hay mayor miseria que no saber sufrirla.

Conténtate con lo que basta. No lleves en la maleta nada que sobre. Lo canta la letra: son más largos los caminos pa el que va cargado de más. Lo que no vaya contigo no lo perderás. Nada te pertenece, ni siquiera tu mujer, o tus hijos. En realidad, son signos que hablan de alguien más grande. Tú también eres un signo que trasciende tu propio  cuerpo.

No guardes tesoros.  Lo que tengas entrégalo a los demás.¡Libre!



OTROS PRINCIPIOS DE ARQUÍMEDES.

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viernes, 17 de enero de 2020

Hay personas que  rompen el principio de Arquímedes. Esas  que desalojan más de lo que pesan. Las que experimentan un impulso hacia arriba muy superior al valor de su vida o a la densidad de su obra. 

Los conoces bien. Lo saben todo de todo acerca de las cosas más dispares  y, además, sin una idea original que  sorprenda. Hablan de toda clase de temas y acontecimientos :  del amor , de moda, de política, o de la peste equina, de la guerra nuclear. No se cortan un pelo : lo mismo opinan con desparpajo de mecánica cuántica que te dan una lección de la influencia de la piel de cabra en los tambores africanos en el siglo XI.

Son vacíos y omnipresentes.Están en las tertulias de aquí y allá, en tele 5, en Antena 3 , en radios, periódicos, en la política. Algunos de estos despiertan mucha envidia, pero ninguna pasión; su figura, multiplicada en imágenes hasta la angustia, provoca chismes y comentarios.

Presidentes de gobierno con tesis que son como cetáceos llenos de flato, se les ve chapotear en la superficie de la sociedad desplazando toneladas de fluido que no se corresponden con la entidad de su trabajo.

 Y uno piensa en otros seres de vida preservada que también rompen el principio de Arquímedes en sentido inverso: desalojan mucho menos de lo que pesan; se hallan instalados a una altura inferior a su talento o sumergidos en el anonimato, si bien podrían deslumbrarnos con su pensamiento. Para encontrarlos hay que ir a los colegios, a las universidades de provincias, a los mercados de abastos de las pequeñas ciudades. Son profesores, poetas, científicos, artistas, escritores, que no salen en pantalla. 

No nos agreden con su estomagante presencia. Se limitan a trabajar con la elegancia que posee el silencio cuando éste deja huella.

 Gracias a Dios ,  no los conocerás nunca.





SE LLAMABA MARCIAL..

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jueves, 16 de enero de 2020

Aquel  sacerdote llevaba una piedra atada al cuello y todos los días la sacaba en brazos a pasear. 

Tenía un agujero en el centro por donde pasaba la soga de cáñamo y tal vez esa piedra había sido una pequeña rueda de molino y aunque pesaba lo suyo - la conciencia, ya se sabe-  el tipo andaba con ella por la vida sin jadear. La gente del colegio, profesores, padres, alumnos,  le veían pasar cada mañana con toda naturalidad y algunos lo saludaban llamándole por su nombre.

Cuando este hombre apareció cierto día en la calle atado a una piedra muchos se quedaron pasmados. Nadie sabía por qué esa piedra, y ese rostro atormentado . Aquel hombre había leído  Mateo 18, 6
"  AY  DE AQUEL QUE HAGA PECAR A UNO DE ESTOS INOCENTES  QUE CREEN  EN MI ,  MAS  LE VALE QUE SE   ATE  UNA PIEDRA  DE MOLINO  AL CUELLO  Y SE   LANCE  AL MAR "...pero no se atrevía a dar el paso definitivo. Él no lo sabía, pero en esa sentencia estaba su salvación.

¿Puede Dios perdonar un suicidio?. Sí, éste.


Después la gente del colegio, de la parroquia, se acostumbró. Esa visión   se hizo cotidiana y con el tiempo hasta los niños que jugaban en la plazoleta lo tomaron como parte del paisaje. 

El tipo no estaba desesperado del todo. En ocasiones reía a carcajadas, celebraba aniversarios, confesaba, daba la extramaunción. No obstante, la insólita querencia por la piedra acabó acaparando su vida por completo. Al principio daba con ella sólo un par de vueltas a la manzana, pero muy pronto una fuerza interior le obligó a llevarla a la iglesia  y después a sus cosas. 

Apenas sonaba el despertador de madrugada, el tipo se ponía de forma automática la soga al cuello y el fuerte tirón que experimentaba en el gaznate al dirigirse al cuarto de baño le despertaba bruscamente. Al instante recogía la piedra depositada en la alfombra y ya no se separaba de ella en toda la jornada. Se encontraba solo en el mundo, de modo que al final tuvo que amarla y el trance se produjo cuando él quiso incorporarla a sus sueños.

Una noche  anduvo hasta el puerto y se quedó mirando fijamente el mar. La rueda de molino le colgaba de la nuca con una soga de cáñamo y abrazado a ella en medio del sonido del temporal, a oscuras, bajo la melodía de una armónica que un marinero hacía sonar, el hombre vislumbró el fondo del mar lleno de corales, peces fosforescentes y algas.

Se oyó el chapoteo de alguien al caer al agua.

Se llamaba Marcial.


CRISTALES ROTOS.

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miércoles, 15 de enero de 2020

Toda nuestra vida está hecha de fracasos, y esos fracasos son cristales rotos por los que entra el aire.

Fracasé cuando repetí curso. También el día que me expulsaron de jesuitas. Y ese año que me retrasaron ir a Barcelona. O la temporada que escapé hacia ninguna parte, errático y en el desvarío , a Madrid,  Málaga, Granada.

Me fui a pique en Bauprés.  También en Lleida. Y Tarragona. No conseguí mantener el barco a flote en Valladolid. 

Y me fui con lo puesto. Mil euros después de una vida de mentiras.  Otra vez hundido.

Y se rompió un amor, se me deshizo entre los dedos. Y me fui a Guatemala. Tampoco salió bien.

Me engañan en Serunión. Otro fracaso. Y vuelta a empezar.

Barcelona. Y otra estafa. Me tangan con el cálculo de una jubilación. ¿ De verdad se equivocaron? La sensación, otra vez, de que alguien se ríe de ti. Estoy en la calle. Una mano delante y otra detrás. Solo y en tierra de nadie.

Se acumulan los fracasos.

Esos fracasos son cristales rotos por los que entra el aire. ¿ Qué aire?: el de la gracia. Si no se hubiesen roto no estaría dando gracias.

Hoy sé que todos esos tropiezos, esas caídas, esos engaños, las mentiras, los fracasos, son parte de un plan que se nos escapa a todos. A ellos y a mi. 

Y el amor que, no sabes cómo, ahí está, con nombres y apellidos. Y te dice " no pasa nada. Vamos".   




LA CARA QUE SE MERECE

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martes, 14 de enero de 2020

Una lección que no aprenderé:

Las relaciones entre amigos , o amantes, son muchas veces comerciales.

Se intercambian placeres, servicios, incluso cosas como la inteligencia, o la astucia, sin son vividas como algo que se "tiene". Lo mismo que se intercambian  mercancías. 

Allí nada es verdad, es la ley de la oferta y la demanda: el más rico se engríe, el más pobre se humilla y se prodiga, y cuando el intercambio deja de ser provechoso para una de las partes siempre se puede romper relaciones y que te den...

No la aprenderé porque tiendo a fiarme de las personas. 

Hay quien piensa que hay gente que tiene la cara que se merece. Yo creo que no, eso es una gansada. Podría nombrar ahora unas cuantas personas con cara de buenas personas que son unos perfectos miserables, con las venas heladas, sin ninguna compasión por nadie.

Por ejemplo, ese que me dijo: "fíate de mi palabra, Suso: vale más que mi firma .Como comprenderás, lo que te digo no lo puedo poner por escrito...".

Tenía cara de buena persona, y le creí. Pero me dio gato por liebre , conociendo mi ingenuidad, y firmé mi baja voluntaria.

Y la vida sigue, para él, y para mi.




LA MOSCA.

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lunes, 13 de enero de 2020

Estaba apunto de dormir la siesta,  desmayado y acariciado por el sol de invierno.  Los párpados pesaban. Un segundo antes de caer vencido por el sopor, la vi. Era una mosca .

Subía y bajaba el cristal buscando una salida. Terca y pertinaz, ascendía y descendía aquella rampa de vidrio inmaculado palpando el terreno, explorando cada milímetro y midiendo aquel mar transparente . La mosca veía la vida al otro lado de aquella prisión .

Me dio pena. Ella no podía comprender que lo que parecía aire libre no era sino una trampa . Al otro lado de aquel continente se hallaba la luz incandescente de la tarde, el jardín de Casa Sueiro, flores y arbustos. 

De vez en cuando, se quedaba inmóvil. Y,  al igual que yo,  veía pasar volando libres las aves y las gasas  de alguna nubes , pañuelos que nos saludaban. 

Aquel animal del que hasta entonces solo me había preocupado por su molesta presencia mientras comía o trataba de descansar, me dio lástima. Me apenaba verlo sufrir de ese modo. Me lo imaginaba agotado por tanto ajetreo buscando el rostro de la libertad que veía a un centímetro pero que no podía besar.

Me levanté y abrí la ventana para que la mosca pudiera vivir su vida. 

Pero aquella obstinada criatura seguía allí  una y otra vez intentando traspasar su sueño imposible. Traté de empujarla con la mano hacia el vacío, pero el, despreciando mi ayuda, cada vez con más ahínco, trataba de cruzar el cristal. Debí enloquecer porque hasta le hablé. Me sorprendí a mi mismo animándola: «Por aquí, mujer, por aquí...». Ni caso. Me di por vencido. 

Regresé a mi siestecita. Comprendí entonces lo que esa mosca me decían a gritos. Que yo era el prisionero. El que estaba al otro lado del mundo libre. 

No se equivocaba. Yo también estoy intentando , vana y estúpidamente, atravesar el cristal de esta vida que  me habla de ti, que estás al otro lado.





EL ÚNICO ESPECTADOR

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domingo, 12 de enero de 2020

«Se dice que Dios es invisible. Y alguien me lo ha planteado alguna vez como objeción; yo le pregunté si había estado en un escenario de teatro, y le expliqué que, desde la escena, no se suele ver nada del espacio ocupado por los espectadores. A pesar de hallarse allí cientos de espectadores, uno sólo percibe una especie de gran agujero negro, pero sabe que está actuando ante el público. 

Lo mismo sucede con el Señor. El gran Espectador está sentado en su palco, tú no sabes dónde, no puedes verlo. Pero sabes que está allí. "Entiende ante quién estás", dice la Torá. Asume tu responsabilidad de igual modo que el actor representa su papel». (Victor Frankl).

Y también, añado, asume que estás junto a otros actores.

Actuemos de tal manera que el Gran Espectador pase un buen rato viendo nuestra vida. Es seguro , eso lo sabemos, que nos observa con ojos de padre, que , quizás, a veces mire para otro lado, o exclame "¡joder qué tíos!".




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