Nacemos y comenzamos a viajar, aunque no te muevas un ápice del lugar donde fuiste engendrado.
No necesitamos el exilio que evita la muerte para escapar y ver mundo. El mundo, todo el mundo en su totalidad puedes abarcarlo sin desplazarte de donde naces. Allí está todo lo que hay que conocer de la vida, del amor, de la familia, de la naturaleza, de la grandeza y de la miseria humana.
Teresa de Lisieux no se mueve de su humilde celda , muere a los 24 años, y su "Historia de un alma" tiene el sabor y la experiencia vital de la que ha conocido todo lo que hay que conocer. Probablemente muchas famosas mujeres de su tiempo viajaron más que ella, y tuvieron todo tipo de experiencias, sin embargo, ninguna de ellas alcanzó la profundidad y riqueza de esta monjita.
¡Si la sabiduría de una vida se midiese por el número de experiencias vividas, cualquier puta sería un pozo de sabiduría!
Como la cuchara con la sopa, esas mujeres no se impregnaban del sabor de la vida. Ni siquiera rozaban su gusto.
Yo no soy Teresa de Lisieux . Soy un culo inquieto .
Yo necesito moverme de acá para allá. Los que viajan presumen , yo lo he hecho, de esa sorpresa , esa sensación de libertad , que significa viajar por viajar para no llegar a ningún sitio. Y no porque no tengas un objetivo claro, sino porque buscas algo sin garantías de hallarlo, que es lo que me ha sucedido a mi aquí, en Tamahu.
Ahora tengo un afán, que es comezón, una ilusión, la necesidad de cumplir un sueño. Necesito detener el tiempo, driblar a la muerte colmando la vida , llenando el camino de biografías, rostros, paisajes, espacios y experiencias. No puedo parar quieto.
Este viaje será siempre literario, se escribirá. Porque me muevo para contarlo "a quien conmigo va", como el Conde Arnaldos la mañana de san Juán. Y será una escritura moral, que haga mejorar al lector. Al menos eso se pretende.
Conocer a mucha gente lleva al escepticismo, yo también lo soy, pero busco la alegría , incluso en los desesperados. Nadamos en un lodazal provocados por hombres injustos e innobles, pero no hay que rendirse a la tristeza y el desánimo.
Estos días aquí , lo mismo allá, he descubierto que en los viajes la gente se abre con más facilidad a la confidencia, quizás porque estás de paso, y el grado de comunicación es intenso pero breve. Fugaz, sí, pero profundo. Y aprendes dos cosas: el respeto al diferente. Y, sobre todo, la cantidad de cosas que nos unen.
No regreso siendo el mismo.Los viajes nos cambian, si no vas de turismo.
Si en Burgos visitas la Catedral, comes morcilla, y regresas al hotel, pues bueno. Pero eso no es viajar.
Viajar no tiene nada que ver con desplazarse. Eso lo hacen muchísimos animales.
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