La visito cada quince días , de domingo a domingo.
Se hizo querer esta mujer de una mala salud de hierro y un corazón oceánico.
Recibe por la mañana en un saloncito ascético, deslumbrado por un sol de domingo, sentada en un sillón , con las manos anilladas a un rosario. Josefa tiene el rostro esponjado y una mirada doliente y hermosa, levemente astillada.
Cabellos grises le peinan la frente y hacia el aire se le abre la nariz chata , como su hija. En la casa hay una sobriedad de cal y plantas , paredes de adobe .
Tuvo una vocación religiosa a la clausura , pero su mala salud la dejó en el claustro de la vida . Josefa produce una sensación de soledad llena de orgullo , su fe es roqueña y tiene algo de flor antigua para minorías selectas.
Esta mujer de carácter que reina absolutamente alrededor de la mesa camilla con una amabilidad tajante. La ves recibiéndote sonriendo y por el envase podrías creer que se trata de esa abuelita que tiene una faltriquera llena de caramelos, pero Josefa no es eso, sino una mujer tan fuerte como la tierra que le vio nacer.
Fuera es domingo. Los coches llevan bicicletas en la baca y una raya de avión supersónico parte el azul del anticiclón. La mañana es clara como una infancia, como aquella memoria de una niña que se llama Josefa , que calla y reza. Y yo la voy a ver y le pido que rece por mi.
Un día le dije, "cuando vayas al cielo le dices a Manuela que no me deje: no me dejéis las dos".
Y nos echamos a llorar. Sé que lo hará.
Tienes el don de tirarme de la lengua, chico.
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Mi suegra falleció hace mucho y a veces voy a hablar con ella.
Me acerco al cementerio de Guadarrama y le echo unos rezos. Luego me quedo solo ante la lápida y charlo. Que si esto y que si lo otro.
Cuando acabo me acerco a la iglesia y visitó al Jefe. Que si lo de allí o que si lo de allá.
No sé si es un monólogo, si estoy un poco pirao o si es que me gusta hablar sólo. El caso es que la costumbre me produce paz, me siento acompañado y mi alma se mece entre lápidas y crucifijos.
La cuestión es que me ayuda a sentirme mejor, mucho mejor.
...
Tan bien, que cuando salgo y veo al municipal de los cojones ponerle una multa al coche por mal aparcamiento, rompo la multa delante de él y le digo:
"Te has equivocado chico, frente a esta iglesia aparcaré siempre que me salga de la minga"
...
Luego me pone otra multa, claro.
Pero yo ando ya lo suficientemente tranquilo como para que me importe una higa.
Porque vengo de hablar con mi buena gente.