Él la dejó abandonada como un
pañuelo viejo cuando llegaron los problemas. Un hijo fue la causa.
Uno de esos hijos que te hipotecan de por vida porque está enfermo y
no se vale por sí mismo. Podría ser una flor, un árbol, o un
animal.
Sí, no recibirás mucho a cambio de esa dedicación amorosa.
Con este tipo de hijos las pequeñas
recompensas que te puedan ofrecer saben a gloria, tan pocas y
escasas se presentan.
No siempre la vida fue así. Los dos
pertenecían a esas familias preocupadas por la formación de sus
hijos, esas que sueñan con formar familias numerosas llenas de amor
en sus lugares luminosos y alegres.
Pero en los sueños de él no cabían
las pesadillas...
Se enamoró de una antigua amiga de la
adolescencia, o fue pillado juguetando (si hay que escribir la verdad) . Obtuvo
la anulación de los buenos, y ella quedó herida como una paloma
perdigoneada, aleteando en el suelo.
Ella ,desde entonces, sus manos acarician,
sus labios besan, sus ojos lloran pero, no os dejéis engañar, su
alma está medio muerta. Vive la vida doméstica y cotidiana todavía
sin alma. Es todo mecánica.
Aparentemente, no se ve, pero está sin
alma.
Ella sí está preparada para dejar a
un lado sus sentimientos, la humillación, el qué dirán, y tirar
palante. Él no le pasará dinero, y Marta tendrá que trabajar duro
para sostener los hijos, en especial a “ése”, el más querido,
el más necesitado.
Sin alma se puede vivir, es algo muy
habitual. Se trata de andar en tus labores, con una tozudez titánica
en la rutina diaria, ausente de todos , y engañando al mundo sobre
esa ausencia .
El amor, y eso que llaman “vocación”,
que creíste a pie juntillas, te ha pasado por encima como un tsunami
devastador...¿cómo reunirse con lo que has huido?, ¿cómo juntar
las piezas descacharradas en este corazón roto?, ¿cómo soplar
sobre las cenizas si casi no guardan rescoldos de brasas?
Necesitarás años antes de que crezca
la flor injertada, antes de que un nuevo amor te pinte la sonrisa, y
te vista de mujer enamorada, esa que le gustan esos zapatos, y ese
bolso, o esa falda que ya no miras en otras.
Reconstruirte toda, enterita: con tus
pensamientos prohibidos, tu ir al cine, o comiendo de vez en cuando
esas hamburguesas que tanto te gustan en ese bar, o esos rollos que
sueltas sobre lo que te gusta el otoño.
¿Qué harás?. Tú verás, Martita,
hija, que te estás quedando en nada. Empieza por lo más urgente. Lo
más inaplazable no son tus hijos, eres tú. No puedes ir saliendo
así a la calle, al trabajo, sin alma que ponerte, sin pintar el
rabillo del ojo- ¡Dios, ¿no te acuerdas de cómo son tus ojos?-
sin sonreír, sin esos detalles que tanto te gustaban,...y , hala, a
la calle.
Ya verás qué bien se anda con el alma
puesta.
Y no busques consuelo, busca la verdad,
o sea, el amor.
Llegará.