Ingresó el lunes en urgencias, pues tenía un 60% de capacidad , y se fatigaba mucho.
Fue directamente a la UVI para hacerle pruebas y descartar una infección.
Un médico le preguntó si quería que le hicieran una traqueo, en caso contrario no viviría mucho más.
Manuela
contestó que no quería esa intervención. Era un asunto que habíamos
hablado muchas veces: no quería ser mantenida artificialmente , y menos
con la ELA extendiéndose.
En realidad, no quería hipotecarnos a nosotros.
Mientras,
pudimos hablar. Nos despedimos de una manera distinta. Ella sabía que
se apagaba, y yo también. Nos dijimos lo de siempre, pero de un modo
distinto, intenso. Nos dimos las gracias, le pedí perdón, juntó las
manos como en oración y me dijo que rezaría por mi, y me pidió que lo
hiciera por ella.
Se despidió de sus hermanos. También vino su madre. Un encuentro maravilloso.
Ayer,
mientras hablábamos su hermana , Manuela y yo, le preguntamos si quería
que viniese el notario al día siguiente. Contestó que sí. Y yo dije "
¿para qué llamar al notario?: para lo que hay que repartir, lo hacemos
entre Olga y yo, y santas pascuas.
Puso
cara de pilla, y me señaló con el dedo y dijo "tú, no" , "que lo haga
Olga (como que no se fiaba de mi, pues la hermana es la lista y
ordenada, y yo , ya se sabe.
Levantó la cabeza, y se fue.
Llamamos a las enfermeras, y ya no había nada que hacer.
Exceso de carbónico en el cerebro, una muerte dulce.
