NO CIERRES LA PUERTA

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miércoles, 8 de julio de 2015

Han  sucedido muchas cosas  desde 1957.

Ya no veo al niño que fui  despidiéndome en la otra orilla, en el puerto de mi infancia. Han quedado atrás muchas creencias, demasiadas  mentiras, tonterías  sin fin, y   muchas horas en el desvarío y la inconsciencia.

Soy un niño  en el exilio  tratando de encontrar  la  ruta  de regreso a casa  en la inmensidad  oceánica  de una vida que no acabo de entender.

Hoy  descubro que tengo un viejo cascarón de barco, una nuez partida, una mierda  que  fue a las piedras muchas veces. ¡Y yo que pensé era un bajel  de primera!

No me quejo. En el reparto hubo quien  obtuvo goleta que no podían salir  del puerto donde nacieron  por enfermedad, por genética, por herencias  que  no decidieron.

Miro  dentro y sigue el Susín que  pedía dormir con la puerta abierta y la luz  del pasillo encendida: "no cierres, mamá". Hay miedos que no superas. No me refiero a la oscuridad. O sí: hay nuevas  oscuridades  más terribles que la misma negrura de una habitación cerrada.

¿Qué he buscado en mi vida?: el amor.

Sólo quería, en un egoísmo atroz, que me quisieran.

Recuerdo  una sobrina mía que durante años guardaba un viejo muñeco  de trapo con el que dormía abrazada como un naufrago a la tabla   que le salvara. Tenía ya 18 años y seguía durmiendo con el despachurrado y deshilachado pelele. Estaba, el pobre, hecho jirones, sin un ojo,  despeluchado y   feo.

Yo lo veía como una figura de mi vida.

Siempre he buscado en el amor esa mujer que me abrazara, que me quisiera con ansia y  necesidad naufraga, no pedía mucho, pero para mi era todo.

Así me quiso Manuela, que por las noches disfrutaba abrazada a mi vientre, lo rodeaba con sus brazos, apretándose  muy fuerte, como un salvavidas...y yo...¡joder!: ¡ahora lo veo claro!

Pienso:  ¿quién se abrazará a mi hoy?, a éste viejo y despeluchado muñeco , roto  por todos los lados, feo, gastado,  egoísta, que no consigue olvidar, que no quiere olvidar, o que no puede olvidar. 

Pero, a pesar del Evangelio según San Rejalgar, que anuncia profecías para gente como yo de una mala ustie muy principal,  y que siguen millones de personas, me giro antes  de dormir y  pido "no cierres la puerta, mamá", porque es que no me queda otra.

Mi Madre. Al final siempre Ella. Al final, sólo Ella.

En las fiestas del Pilar solíamos ir al Circo de pequeños toda la familia. Uno era el Circo Americano, otro era el de los Hermanos Toneti.

Recuerdo un número de los Toneti  donde a un payaso le caían todas las bofetadas. Eran unos tortazos a mano abierta de una sonoridad tan potente  que explotabas a reír viendo llorar  al desdichado, las lágrimas caían a chorro , mientras él paseaba gimiendo a gritos dando la vuelta a la carpa.

Yo aplaudía  a carcajadas viendo al infeliz pararse delante de nosotros , bufando , moqueando, y lloviendo lágrimas.

Hoy no me hace ninguna gracia. Ninguna.

Porque ahora soy yo ese payaso.



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EL MENDIGO DE SANT CUGAT

TRAICIONAR LA TRADICIÓN

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martes, 7 de julio de 2015

La palabra tradición y la palabra traición tienen la misma raíz latina: traditio de tradere, o trans dare, dar al otro lado, entregar. 

Tradición es entregar a la generación siguiente. La tradición entrega lo que debe a quien se debe. 

La traición en cambio entrega lo que no debe a quien no se debe. La raíz común se bifurca así en dos sentidos. Sin embargo, ojo , pestaña, que la vista engaña: a veces  toda traición lo es en el fondo contra alguna clase de tradición . Y  la adaptación a los tiempos nos invita cada día a traicionar tradiciones. 

La verdad es que traición quizá suene demasiado mal para lo demasiado bien que quizá suene tradición.

A uno le han acusado de traidor  unas cuantas veces. 

Uno puede adquirir ciertos compromisos , incluso de por vida, pero si las cosas han cambiado hasta tal punto que yo no pueda darte nada más, o no puedo recibir nada más de ti (o lo uno y lo otro a la vez), si se demuestra que este intercambio que hemos prometido mantener es imposible o contrario a las aspiraciones más legítimas de mi naturaleza, estoy en el derecho de volver a empezar: nadie está obligado al imposible ni al suicidio.

Dicho de otro modo, yo te habría jurado fidelidad, había decidido entregarme a ti hasta la muerte. Hasta la muerte; esta expresión es ambigua, sin duda quiere decir: hasta mi muerte; en otras palabras, que debo estar dispuesto a morir por ti, pero también quiere decir: hasta tu muerte, o sea que sólo estoy dispuesto a morir por ti a condición de que tú estés vivo.

Pero he aquí que, sin que yo tenga nada que ver con ello, tú estás muerto. Yo estaba dispuesto a sacrificarme por ti porque me sentía vivir en ti más que en mí mismo, pero ¿qué sentido tendría ahora mi sacrificio?; ¡sería absurdo que me perdiera sin la esperanza de salvarte!

Querer ser fiel a las personas y a las cosas muertas, es matarse a sí mismo y extender la muerte a su alrededor, y es el espectáculo que ofrecen, por ejemplo, tantos esposos o padres «inconsolables» y todos los que mantienen las viejas fórmulas políticas o religiosas eliminadas para siempre por el mismo movimiento de la vida.

Hay que tener mucho tiento con las tradiciones: cuando el único argumento que queda para que algo persevere es la tradición es que ese algo ya se ha muerto.

Empezamos  a envejecer cuando nuestras tradiciones  y costumbres  pesan más que nuestros proyectos.

La tradición es un congelado de costumbre y el fundamentalismo un ultracongelado de tradición. No hay  fanático que no viva del cuento de la Tradición Inventada. Que se lo digan a Mas o Urkullo, o esa romería del Rocío que chapotea en la idolatría a una diosa  con acento andaluz.


EMBUTIDOS.

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lunes, 6 de julio de 2015

 Es muy difícil  limitar la libertad robando clandestinamente pensamiento del interior de una mente.

Pero sí se puede  embutir el  pensamiento,  prepararlo y empaquetarlo desde el exterior. Si además el cerebro está tierno y en fase de maduración, como es el de los niños y adolescentes ,  entonces la operación es  eficaz y , a veces, perversa.

Se educa mucho así, a lo Casa Tarradellas, embutiendo el pensamiento en fuets que se cuelgan a secar.

¿Está mal ese pensamiento?: pues , qué quieres que te diga. No es problema de bueno o malo.

Es cosa de "libertad".

En esas formas de educar no hay crítica, ni se permite. Tampoco está bien visto el buen humor.Y sin crítica se atrofia el uso de la razón y sin humor se pierde el hábito de la crítica. Es cuando lo cultural se confunde con lo natural y se fragua ese zipostio mental  que llamamos una convicción sólida. 

Así es como una idea se gana el prestigio de creencia irrenunciable, como si estuviera impresa en la mente, como si fuera una marca de fábrica. Así es como nace y se hace un fanático.

Os podría describir unas cuantas de esas falsas creencias que, al menos a mi, me han hecho, y me están haciendo, mucho daño.
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LA ÚLTIMA MANO

LAS GAFAS

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domingo, 5 de julio de 2015

Hubo una época en mi vida que era un no parar. Me despertaba y corría, una hora, después comía cosas que echaba por el agujero de la cara.

- ¡Quieres masticar!- ordenaba mi madre.

- ¡No tengo tiempo, mami!- respondía.

- ¿Para qué tienes los dientes, hein,?: ¡mastica!

- ¡No sé  para qué tengo los dientes!, ¡esa es una buena pregunta1.

Y después  más correr, subir montañas, miles de campamentos haciendo el animal hasta altas horas de la noche. Bajar las escaleras a saltos de cuatro escalones al aire. Aventuras que hoy te parece milagroso que estés vivito y...bueno, lo de coleando lo dejamos.

Pasa el tiempo y no me reconozco: mastico y todo. Bajo las escaleras de modo cuidadosamente  lento. No soy el que fui.

Hace años si alguien me llega a decir que iba a usar gafas me hubiese burreado de él. ¿Yo gafas?: 

Las gafas eran para viejitos. Yo podía ver hasta los anillos de Saturno. Lector desaforado y destemplado, no importaba la luz, ni el tamaño de la letra.

Hoy uso gafas para leer. 

Un día me vi alejando el periódico de mi cabeza. Pero mis brazos no eran lo suficientemente largos como para llegar a la calle.

- Perdone- le pregunto al camarero- podría sostenerme aquí el periódico mientras voy hasta la entrada de la cafetería y leo.

- Por supuesto, señor, ¿y si se compra unas gafas para  leer?

- ¿Unas gafas?...¿unas gafas, yo?

- Bueno, usted mismo: donde ha ido no es la entrada de la cafetería, es la cocina.

Y me compré unas gafas.

Un día termino de leer, me las subo y las coloco  en la parte superior de la cabeza, en el cogote.

Al cabo de unos minutos decidí ir al Mercadona a comprar.  Cojo las llaves de casa, me pongo una camiseta...¿y las gafas?.

¿Dónde están mis gafas?

Miro en el despacho, debajo de la mesa, encima de la mesa, abro el armario de cosas que dejo para por si acaso. Miro en el lavabo, meto la mano dentro del WC, remeno...¡nada!: ¿dónde coño están las gafas?

Perplejo, deambulo por la casa con los brazos en jarras y cara de besugo. Parecía Juana de Arco buscando un mechero.

En fin, no tengo  a nadie a quien echarle la culpa, así que es un problema mío.

Y , en estas estaba, me rasco la cabeza como para buscar una ideíca y, ¡coño!: ¡las gafas!.

Así que no solo estoy perdiendo vista sino que, lo que es peor, memoria.

¡Dios, quién me ha visto y quién me ve!

LA TAPIA.

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sábado, 4 de julio de 2015

Viví varios años con un hombre duro de oído.

Sonreía al escucharte, y cabeceaba como esos perritos que había detrás de los coches en los años setenta, aunque  no entendía nada de lo que le decías. Pero esta gente son de una terquedad asnal, y no hay manera de que  lleven audífono .Prefiere adivinar lo que acabas de decirle.

Una tarde le llamo a casa y digo:

-  Que estamos en Pons y llegaremos tarde a cenar.

- ¡Aquí no hay ningún Mossen Pons, se equivoca!.

- ¡¡¡ Que no, que estamos en Pons!!!, ¡¡¡que llegamos tarde!!!

- ¡¡¡QUE AQUÍ NO VIVE NADIE QUE SE LLAME MOSEN PONS LE DIGO YO!!!

Este tipo de individuos acostumbran a tener muy malas pulgas. Son muy susceptibles, y gruñones.

Una tarde, viendo una de las sagas de "La jungla de cristal", Bruce Willis le contesta a un pesado que quiere acompañarle: "vete a tomal pol culo". 

Todos rieron en la sala de estar. Al escuchar nuestro hombre las risas de la gente  me pregunta qué ha dicho tan gracioso.

- Vete a tomal pol culo- le contesto.

Y se levanta y me suelta: ¡¡¡un poco de caridad !!!, ¿no?, tampoco es para ponerse así, ¡hombre!.

- Que no se lo digo a  usted, coño... que es de la película.

No penséis que se disculpaba, ¡qué va!: "no me has insultado- pensaría- pero seguro que ganas no te han faltado.

Por alguna razón que se me escapa , las gentes que han perdido el oído son más vanidosas que las que necesitan gafas de cerca y se empeñan en no usarlas.

A veces llevan audífono, pero lo apagan. 

Es normal. El audífono en funcionamiento de este hombre pitaba de una manera pastoril , un silbido alto y agudo, como para encerrar un rebaño de ovejas en el aprisco al atardecer: ¡uíu. uííííuuuu, uíiiiiuuuu!

Y te levantabas a la puerta, a ver quién llamaba, y mis cojones: era el audífono.

Este del que hablo es sacerdote, pero imagino a este tipo de personas haciendo mimos amorosos a su mujer y saltar el sonoro, "uyúúú, iuyuuuu, uíííí", como una extraña declaración de intenciones amorosas , de una obscenidad maravillosa.

Ya me gustaría a mi tener esas claves internas de comunicación erótica.

- Uíyúúú,iúúúíííi, iúúúúúoooo!-

- ¿Lo dices en serio , cariño?

- Iúúúíííiúúú

- Estás más salido que un balcón, en Oleguer...¡oí!, quieto parao!...¡¡¡¡no me mordisquees la oreja!!!!.

- ¡¡¡UÍÍÍIÚÚÚÚ, YUÍÍÍÍ, ÚÚÚÚÍÍÍÍ!!!


DIOS

EL PASO DEL TIEMPO.

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viernes, 3 de julio de 2015

Veo en la estación del AVE en Barcelona una señora operada, de esas que de tan estirada lleva la marca del ombligo en el cuello. Una pena. Debió de ser muy guapa, incluso bella. Pero el que le hizo el  zipostio , algún alumno de Corporación Dermoestética, suspendió ese examen, y a septiembre, a recuperar.

Pero lo de ella no tiene recuperación.

El tema de este siglo es el tiempo. El paso del tiempo. O mejor: el miedo al paso del tiempo y sus consecuencias.

 Tal vez todo comenzó cuando el primer hombre  cayó en la cuenta de que la primavera ya la había visto antes , y dio un paso de gigante en la concepción del tiempo.

Después sucedieron muchas cosas que ya se habían visto antes. Y llegó el  segundo enamoramiento, el segundo hijo, el segundo muerto....y el miedo.

La gente se gasta una morterada en cirugías, cremas anti age, lociones, pociones de membranas de tiburón, o de piel de escroto hindú, con la esperanza de  ser confundida con su hija, en lugar de resignarse a vivir en su propia confusión.  

Siempre hay algo en nosotros que no madura con la edad.En muchos es haberse estancado en la adolescencia, como Peter Pan, y en otros el conservar la máscara de la esperanza en el maquillaje del esperpento.

¡Fuera máscaras!: ser lo que soy, y nada más.
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EN LO SECRETO

PROVIDENTE.

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miércoles, 1 de julio de 2015



Hay algo en el dolor incomprensible, misterioso. Todos terminamos por ser personas dolientes. El verdadero dolor, el que nos hace sufrir profundamente, termina por transformar hasta el más irreflexivo de los hombres , y lo hace para bien, o para mal.

Incluso el dolor que no se desahoga con las lágrimas, se libera a través de otras maneras, algunas  más dolorosas que el propio dolor.

Sin embargo, a veces ves personas que el dolor no les educó por culpa de un fanatismo que le hace  ver  lo que no hay. Son como niñoides, infantilizados, que te sorprenden con idioteces que sólo consuelan a almas muy catequizadas en frases hechas.

Esta gente es incapaz de ponerse en la piel del otro, y así es imposible entender a nadie.

 Frankl escribió que nadie puede ser totalmente conocedor de la esencia de otro ser humano si no le ama. Amando se es capaz de ver los trazos y rasgos esenciales en la persona amada; y lo que es más, ver también sus potencias: lo que todavía no se ha revelado, lo que ha de mostrarse.

Lo que a mi me parece escandaloso son los dolores congénitos, esos heredados, o aquellos otros que naces con una tara de nacimiento, y de por vida. Que  un cable anda por allí suelto, y no sabes a quién pedir garantías.

Y aceptar que Dios es un padre providente.

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