ORO.

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sábado, 17 de abril de 2021

 Vas por las ciudades de este país y encuentras unos anuncios , bastante horteras, muy llamativos, que dicen "COMPRO ORO".


Imaginas las tristes historias  que hay en ese "compro oro" de los que "venden oro".

Me dio una lástima infinita ver salir de uno de estos tugurios a un buen amigo la víspera de Navidad. Una escena de Dickens. Un hombre arrebujado en su abrigo, saliendo  a escape para no ser reconocido, con la vergüenza del rijoso que sale de una casa de putas.

Tiene dos hijas, separado, y no le alcanza el sueldo.

Yo no tengo hijos, y él tiene ese oro que yo no puedo comprar. Pero los dos podemos tener el oro de la familia, el amarillo cegador del trigo en agosto, el del algunos soles al atardecer, la sonrisa de una madre. El oro de la corterza de una naranja.

El oro de algunos cuadros de Velázquez o Goya, o de algunas piezas de Bach, o de Verdi. El oro del  champán reflejado en las pupilas de tu chica.

El oro del amanecer , cuando subes la persiana y abres la ventana y dices : ¡gracias!.

Todo ese oro no se compra, ni se vende. 


DESPEDIDA Y CIERRE.

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viernes, 16 de abril de 2021

Cuando alguien muere, no desaparece, y merece la pena recordarle. Porque esa persona se cruzó en tu vida sin que tú lo supieras.


Y no hace falta siquiera haber coincidido. Probablemente se emocionó con las mismas cosas que a ti te llegaron muy dentro. ¡ Tenemos tanto en común!


 Es cuando no está cuando aparece la persona, porque se libera de sí misma, de sus sombras, de su voluntad, de su ambición, de cualquier proyecto, de cualquier conocimiento que creíamos tener acerca de ella.


Cuando   se  trate  de una persona que  se fue  al borde del  camino hay que  evitar retirarse  evitando ser vulgares. Y más cuando el azar ha querido que sea ella, y no tú.


Es bueno despedirse  con  la  máxima  delicadeza. 


Esa alma amiga- sí, "amiga", aunque no la conocieras- cuyo umbral no volverás a franquear es  a  quien debes saludar  y despedirte  con el  mayor  cariño  y respeto.


No todo  el  mundo   piensa  así, pero así debes comportarte.




DESPIDIÉNDOME.

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jueves, 15 de abril de 2021

Soy de los que piensan que es mejor  no volver una vez que me he marchado. 


Por eso no digo adiós hasta el final. Cuesta despedirse cuando uno ha puesto tanto corazón en las empresas, en las personas que amó. Hasta que sé que no hay vuelta atrás,  que ya es definitivo. 

Porque lo difícil no es despedirse , es  estar seguro de que es lo que tienes que hacer. Y, si no siempre aciertas, al menos  piensas que es lo que realmente crees que tienes que hacer para seguir adelante. 

Aunque duela. Aunque sientas que te mata un poco o más que un poco. Aunque jamás hubieras pensado que algún día tendrías que hacerlo. Aunque durante un tiempo intentaste convencerte de que hay otras soluciones. 

Aunque pretendas creer que, dando tiempo, algo cambiará. Aunque no entiendas de dónde pueden salir tanto dolor  cuando te pones a pensar en ello. Aunque sepas que te vas a encontrar solo. Aunque tu vida no vaya a ser la misma. Aunque tengas miedo. Mucho.

Aunque te hayas equivocado.

Porque despedirse de algo importante es crear un pequeño terremoto en la vida, en la tuya y en la de los demás …las piezas del puzle se desbaratan y hay que reconstruir todo aquello. 

Aunque nos parezca que ahí se acaba, que no va a ser fácil remontar. Todo se recoloca e, incluso, se hace más fuerte para la próxima despedida. Siempre podemos. Siempre. Incluso con las más duras.

Hay despedidas de nosotros mismos, esas que cierran etapas, esas que marcan un antes y un después. Esas que son definitivas. Y son despedidas de ese Suso que ya no quiero ver ni en pintura. De ese que necesitamos superar. De ese que intenta retenernos pero ya es tarde. Esas despedidas son definitivas, son para avanzar. Son necesarias, urgentes y sin retorno.

Y son muy jodidas.

No es fácil despedirse y no siempre hay que decir adiós. 

Basta con marcharse, retirarse sin hacer ruido si sentimos que sobramos. Basta con no volver donde parece que sobramos. Basta con darse la vuelta mientras todos hablan y cerrar la puerta tras de nosotros. Sin ruido. Sin que casi lo note. 

Sin mirar atrás tampoco porque, cuando me despido, con o sin un adiós, tampoco vuelvo. 

Así son mis despedidas.



LA BAILARINA DE AUSCHWITZ .

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miércoles, 14 de abril de 2021

  La bailarina de Auschwitz, de Edith Eva Eger.


Un libro donde  la autora dice que hablará de tres cosas: «mi historia de supervivencia, mi historia de autocuración y las historias de las maravillosas personas a las que he tenido el privilegio de guiar a la libertad».


Me ha tocado muy dentro, y muy hondo.  Escribe "quiero que escuches mi historia y digas: “¡Si ella puede hacerlo, yo también!”».


A veces me encontré con gente - lectores,  conocidos, algún amigo-  que no entiende que aquí, y en otras páginas que he escrito aquí y allá, cuente muchas cosas muy personales y, para algunos, indiscretas. Y me alegró leer el argumento de esta mujer.


Una de las ideas que recorre todo el libro, que comprendió al leer a Víctor  Frankl, es la de que el silencio y la negación ante las desgracias del pasado son grandes errores. 


Lo anuncia ya al principio del libro: «Durante gran parte de mi madurez, creí que mi supervivencia en el presente dependía de mantener encerrado el pasado y sus tinieblas. Durante mis primeros años como inmigrante en Baltimore en la década de 1950, ni siquiera sabía pronunciar Auschwitz en inglés. En cualquier caso, no habría querido explicarle a nadie que había estado allí, aunque hubiera podido. No quería la compasión de nadie. No quería que nadie lo supiera». 


Explica más adelante, «lejos de disminuir el dolor, todo lo que nos negamos a intentar aceptar se convierte en una realidad tan inexpugnable como los muros de cemento y las barras de acero», pues la libertad empieza por aceptar lo sucedido y «significa armarnos de valor para desmantelar la prisión pieza a pieza». 


Así es. Se trata de aceptar nuestro pasado, sea el que sea, lo consideremos como lo consideremos, porque «no podemos decidir hacer desaparecer la oscuridad, pero podemos decidir encender la luz», que «por muy frustrante, aburrida, limitadora, dolorosa u opresora que sea nuestra experiencia, siempre podemos decidir cómo reaccionar. Y por fin empiezo a entender que yo también puedo decidir. Darme cuenta de eso cambiará mi vida"..


Ya sé que una vida en el opus dei no es una vida comparable a un campo de concentración. No es ese el tema. El asunto es el de esas personas que niegan su pasado, lo ocultan, lo disfrazan, huyen.


No se trata de contar la pena negra. Ni de odiar ese pasado. Renegar de él.


Se trata  , como escribe cuando habla de las cartas con Frankl le ayudaron también a encauzar su vida: a «tratar de encontrar sentido a mi vida ayudando a que otros encontraran sentido a la suya».





ENTRE EL RUIDO Y LA PRISA.

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martes, 13 de abril de 2021

 Vivimos  entre el ruido y la prisa, y gracias  a ello añoramos  la paz  que hay en el silencio. 


Cuesta  vivir en sintonía y en buenos términos con todas  las personas  que  nos  rodean . ¿De  qué  se trata?:  habla  tu verdad sin faltar a  nadie ; escucha a los  demás, incluso al torpe al cargante e ignorante. Ellos también  tienen su historia. 

Evita las personas ruidosas y agresivas, pues son un fastidio  para el alma. 

No  te  compares  con los demás, te volverás un  amargado. Siempre habrá personas más grandes y más pequeñas  que tú. 

Mantén el interés en tu propio trabajo , por humilde que sea: es  un tesoro. Y aunque  el mundo está lleno de egoísmos, no te cierres a la virtud que hay en él;mucha gente se esfuerza  por alcanzar nobles ideales; y en todas partes la vida está llena  de heroísmo.

No finjas afectos. 

Valora  tus  amores , porque en medio de todas las  arideces y desengaños, es lo más  grande  que  tienes.

No  te angusties con fantasías.  Muchos temores nacen de la fatiga y la soledad. Cuídate  de  la tristeza, puede  llevarte  a  lo  peor  de  ti mismo.

Sé  benigno contigo mismo. Eres una criatura del universo, no menos que los plantas y las estrellas; y tienes derecho a existir, y sea que te resulte  claro o no, el universo marcha como debiera. 

Por lo tanto, mantente en paz con Dios, cualquiera sea tu modo   de concebirlo y cualesquiera sean tus trabajos y aspiraciones, mantén la paz en tu alma en la bulliciosa confusión del mundo, que con todas sus farsas y sueños fallidos, sigue siendo  hermoso. Ten cuidado.

Esfuérzate por ser feliz. 

¿ ME ENTENDERÁ ALGUIEN ?

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lunes, 12 de abril de 2021

  Dios vive en los geriátricos, en los manicomios, en las bocas desdentadas, en el discapacitado que se le cae la baba, en la depresión que sobrevive al suicidio cada día, en l@s cortit@s de las familias ricas que se dan cuenta de que no valen nada, en el que se arruinó por su mala cabeza y exceso de corazón.


Dios vive  en la planta de oncología , en los enfermos de ELA, en todos los desechos que aquí y allá andan. Unos tristes, muchos contentos.Unos solos, y otros acompañados.  


Dios allí tiene un ejército  de soldados que no valen una mierda. Pero Él coge esa mierda , la aplasta contra su pecho y dice " ¡ mío!". Se condecora  con esa mierda.


Un ejército ridículo y sin embargo invencible.


Gente calva, gente que hay que limpiarle el culo, y ponerle pañales. Gente que habla mal, que no se le entiende. Pero que mira, y sus pupilas son amor, agradecimiento.


Yo lo he visto: un hombre muy seguro de sí mismo , cualquiera de esos que parecen los grandes del mundo, los poderosos,  entran en esa planta y tiembla de miedo nada más verlos.


La enfermedad, la propia o la de un ser amado, también es una forma de encarcelamiento y  la experiencia del dolor lo desafía todo. 


¿ Me entenderá alguien?...




JOSÉ RAMÓN....

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sábado, 10 de abril de 2021

 Me acaban de decir que ha fallecido José Ramón Villar, sacerdote.


José Ramón y yo éramos muy, pero muy diferentes y, cosas de la vida, no se me olvida la última frase que me dijo cuando le llamé para interesarme por su salud , tenía un cáncer: " sin ti yo no sería quien soy"..


Estudiamos juntos en el colegio El Salvador, en Zaragoza. Coincidí el curso que repetí. A los trece años. 


No consigo entender por qué se vino conmigo de monaguillo a la parroquia de Santa Engracia. Poque uno era un zascandil, muy golfo, y con un carácter tan distinto al suyo.


Después  lo animé a venir a Cuellar, un club juvenil de la opus dei.  Y allí  me hice de la prelatura, y después se vinieron un grupo que andábamos por los jesuitas: Javier, Jorge, José Ramón, y alguno más. A  José Ramón , ¡ recuerdo esa conversación como si fuese hoy!, le hablé de  entregarse a Dios en Comarruga, en una conversación en la playa, durante unos días de convivencia en semana santa.  Era en 1974.

Joserra, así le llamábamos, por entonces no pronunciaba bien la "erre".  él decía "Josega". Un día llamó a la puerta en una reunión y alguien dijo " ¿ quién es?".


- Soy José - contestó.


Al abrir vimos que era Joserra, y el que preguntó exclamó: ¡hombre, Pegamón!"  Y se quedó con "Pegamón".


Después nuestras vidas se separaron. Él siempre fue un niño maduro. Si veis la foto es igual que de chaval, pero crecidito y muy formal.  Se ordenó sacerdote y estuvo en Navarra impartiendo clases. Fue decano de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Un coco. Un corazón de quilates. Y con esa ingenuidad y bondad que he visto en gente de estudio y reflexión y que tiende a vivir en otro mundo. 


José Ramón amaba su vocación sacerdotal. 


Cuando supe de su enfermedad le llamé. Le sorprendió.  Noté su perplejidad. Él era una persona delicada, y muy sensible. Hablamos. Y  sentí que, tal vez por respetarme, no me decía nada  tipo  "reza por mi", o " ¿qué  tal estás?"...imaginé que sabía que yo había dejado el opus dei  y, por discreción, o vete a saber qué, no hacía referencia a lo espiritual.  Así que le dije:


- Aunque  parece que no quieres hablar del tema que sepas que rezo por ti, y que aún me acuerdo de los años de Cuéllar. Y me gustaría que rezases por mi, me irá bien.


Silencio.


- Pues te agradezco que le digas. Sin ti yo no sería quien soy.


Poco después le comenté divertido..." no sé cómo terminará tu historia , pero estoy seguro que cuando vayas al cielo todo eso de la teología a la que has dedicado toda tu vida  no tendrá nada que ver con lo que es aquello.


- Seguramente.


Aún hablamos varias veces más.


Josérra tenía una vocación muy definida y muy potente.  Vivió sólo para aquello que dio un sentido su vida, básicamente. Nació para hacer lo que hizo, y como lo hizo . Es de esos   que de muy pequeños te dirán: «Yo quiero entregarme a Dios», y lo acaban haciendo.


Y lo hizo bien. Estoy seguro. 


Otros andamos dando vueltas de aquí para allá, parriba, pabajo , en proceso de búsqueda y un proceso en el cual , más o menos, terminas como buenamente puedes. 


En fin, cada uno es como es. La muerte no existe como contraposición a la vida, sino como parte de ella. Y ahora le pido a Joserra que me eche una mano. Que se acuerde del Suso de  Jesuitas, de santa Engracia, de Cuéllar, de los días que subíamos andando al colegio, esos días que reíamos y gamberreábamos  por la calle, tú, que eras tan formal, y que siempre tenías un refrán para cada situación.


No me dejes, Joserra.





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