Muchas veces he pensado que cuando escribí en Opuslibros la serie de Satur allí se escondía el libro que hubiera querido escribir.
Algun@s lector@s de aquella época renegaban de esos escritos porque no daba una visión sectaria, dura, vitriólica y rencorosa de la opus. No les gustaba que hubiese humor, matices, que ni todo fuese blanco, ni todo negro.
Pero uno es así. A mi hay gente que me cae bien, y gente que me cae mal, y distingo muy bien el trigo y la cizaña: en la opus, en opuslibros, en mi también.
Si escribiese un libro habría luz, y oscuridad. Pero siempre luz. Sería literatura de buenos sentimientos. Entiendo la desesperación de muchos en opuslibros - también en bastantes del opus - respecto a mi - no soportan que les recuerden que hay razones para seguir viviendo, para seguir amando, para volver a empezar.
Sería un libro sobre mi familia- hecha de amores de de acero inoxidable y, como en todas las familias, habría almas frías, duras, clasistas, de pedernal. Y habría personas que en su sencillez supieron sobreponerse a la aflicción.
Y escribiría de parientes con una palpitación humana increíblemente vivida- estoy pensando en tías y tíos míos. Y también corazones egoístas. falsos, oscuros, sectarios, blanqueados. Pero, ¡hoy lo veo tan claro!, los trataría de una forma de caridad bienhumorada, aún en sus debilidades y mezquindades.
Después escribiría de la vida que me ha tocado en suerte vivir. Intensa, contradictoria, caleidoscópica, con toda la cohorte de actores secundarios que me han acompañado : personas de todos los colores, virtudes, sensibilidades, rarezas, pecados , debilidades, costumbres, y también de asombrosos hallazgos personales. Estoy pensando en esas personas sin cultura que me he cruzado , con una inteligencia natural maravillosa, y un corazón de muchos quilates, de los que no caben en el pecho.
Sí, amig@s, me gustaría escribir ese libro para depurar mi vida, aliviarla de angustias y mezquindades, aunque sin privarla de dramatismo, sin edulcorarla. Pero me negaría a dar rienda suelta a los malos sentimientos, a la rabia, a esas ganas que, en ocasiones, he tenido de dar una patada al tablero y mandar todo a tomar pol saco.
Siento que la vida es alegría, y así quiero contarla. Sin resentimiento. Porque es en las contrariedades que he tenido donde se probó lo que fui y lo que soy, y también mi capacidad para dejarme redimir por esa Gracia que viene de lo alto.
Pero eso será algún día. O nunca. Hoy estoy en un remolino de hojas secas que el viento de la memoria frota en mi alma.








