Una vez, en Valladolid, presumí en el comedor del colegio que conocía a Joan Gaspart. Probablemente, conociéndome, dijese que lo conocía mucho, y que había sido profesor de sus hijos, y me lancé un moco.
La noticia cayó como una bomba. Me miraban como al quinto Beatle "¿ De verdad lo conoces?".
- Mucho.
Uno de los profesores era, supongo seguirá siéndolo, muy del Barça. Y ser del Barça en Valladolid tiene mucho , mérito. No dijo nada.
Meses después, entró en mi despacho.
- ¿ Te puedo pedir un favor, si puede ser?...es que dentro de quince días viene el Barça a jugar en Pucela y había pensado si podías conseguir unas entradas.
Bueno...había fardado de que lo conocía, así que no podía negarme. Además, era subdirector del colegio y me jugaba el prestigio. Sin embargo, estaba seguro que no iba a conseguir las entradas..."me mandará a la mierda", pensé, porque , la verdad, tampoco es que fuésemos tan amigos.
Tirando de hilos, de aquí y de allá, conseguí su correo, le escribí. Hablé con la secretaria. Y, para mi sorpresa, me dijeron que pasáramos por recepción del hotel el día del partido. Él no asistiría , pero había ordenado que nos atendiesen.
Quedé con el profesor. Vino con toda su familia: padres, hermanos, mujer, hijo, parientes, vecinos...¡ eran casi veinte personas!
Y, para mi sorpresa, estaba Joan Gaspart. Apareció en la recepción en carne mortal, como la Virgen en Zaragoza. Saludó a todos, uno por uno, y propuso tener una tertulia en un salón del hotel. Eran las cuatro de la tarde, y el partido comenzaba a eso de las siete. Era maravilloso ver las caras de aquella gente.
La tertulia fue, al menos para mi, desconcertante. Trató de muchos temas, sobre todo deportivos, pero también contó anécdotas bien sabrosas de su vida. Y la que más me impresionó fue su encuentro con la Madre Teresa de Calcuta. Concertó con ella una cita en Sabadell. Ella venía a inaugurar una casa de su congregación en Barcelona.
- ¿Les parece bien mañana a las seis?
- Perfecto!, así conocerá a mis hijos.
- Pienso que no ha entendido...las seis de la mañana.
Fueron él y su mujer. Contaba con gracia que nadie le había puesto en tan poco tiempo en su sitio como esa mujer.
- Le mostramos una fotografía de nuestros hijos. Mientras ella observaba la instantánea, yo le fui diciendo que era un alto cargo de la Cámara de Comercio de Barcelona, vicepresidente del Barça, dirigía un grupo hotelero , además de bla bla bla,y que podía organizar una gala benéfica para recaudar fondos y que...y, de repente, sin avisar, interrumpiéndome , la madre Teresa señala a mi hija la pequeña en la fotografía con el dedo y dice:
- Deme a su hija.
"Entonces me hizo ver que a ella no le interesaba el poder, la influencia, el dinero, sino vidas entregadas...y me callé. Me puso en mi sitio".
En fin, fue una muy buena tertulia.
Al terminar, llamó a varios de los jugadores y los hizo pasar a firmar y a hacerse fotos con los alucinados forofos pucelanos. Era admirable ver las caras, y los abrazos entre ellos " ¡ joder, tío, joder tío!".
Y yo quedé...vamos, vamos, cómo quedé!
¿Y por qué cuento esto?...pues, no sé, por darme el gustazo, y agradecer la historia.