Hubo momentos en mi vida que reír y hacer reír eran cosas muy importantes. Y era un propósito, muchas veces inconsciente, pero diario en mi día a día. Hacer reír me hacía feliz.
Descubrí con el tiempo que la risa está sobrevalorada. De hecho. a mi ver tíos carcajeándose me saca de quicio. Hay otras respuestas igualmente plácidas, pero con menos "charme" - que diría don Fidel Sebastián. El sonrojo, por ejemplo. El ponerte colorado evita que se digan más tonterías de las que se dicen.
Me sé todos los chistes. Ya es muy cansino. Y también hacer el graciosete. Ser un payaso.
Además, la risa, con frecuencia se confunde con la alegría. Y no, no son exactamente lo mismo. Hay personas que me caen muy bien: esas personas muy divertidas, pero con rostro serio. Que tiene su coña irónica, socarrona. Aquí, en Galicia, son muy comunes. En general en el rural. Tiene un caudal de júbilo por dentro y por fuera se muestran pausados y taciturnos. Por contraste no soporto a loa Joaquines , a los Comandate Laras, al Monaguillo, o a todos esos que se ríen de sus propias gracias. Pesados, coño.
Con la jubilación- porque uno ya estaba harto de hacer y decir gilipolleces- he descubierto que ser feliz es un espectáculo íntimo. Una guión maravilloso que se vive por dentro. La risa es otra cosa. Un estallido. Un breve consuelo. La risa es perfectamente compatible con el aburrimiento , y la tristeza.
Las risas exagerada me ponen de mala leche. En los restaurantes es frecuente que suceda que una mesa se ponga, literalmente, a descojonarse- pero así. Y he llegado a levantarme y pedir que, por favor bajasen el tono de la coña que allí se llevaban. ¡Joder, es una falta de educación! Parece que a esa gente, para mi gentuza, alguien les ha levantado las patas delanteras para que parezcan humanos, pero son animalitos que andan a cuatro patas.
Lo tengo comprobado: cuanta más peña haya en la sala, más rápidamente explota la carcajada. O sea, que en la risa hay algo de impostura. Más escaparate que otra cosa.
También sucede que hay quien nos señala de qué nos tenemos que reír. Como en algunos programas de la televisión que les indican con un cartel qué deben de hacer. El humor, por lo visto, ya no es algo personal. Ahora, hasta te pueden hacer culpable por algunas de nuestras carcajadas. No te puedes reír de los tralaralas, de las trans, de las gordas, de las delgadas, de los flacos, de los enanos, de las lesbianas enanas. ¡Todo es político! Ni siquiera una risotada está libre de la censura mojigata Qué pesadez.
Dicen que reírse de todo es propio de tontos, pero no reírse de nada lo es de imbéciles. La seriedad del mulo.
Lo mejor es reírse de uno mismo. Nadie está a salvo de las carcajadas, por mucha autoestima que se tenga.
De hecho , ¿ no parece la vida, en ocasiones, una broma?






