EL PERRO DE PAULOV.

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martes, 4 de febrero de 2014

Después de tanto darle vueltas, al final resulta que nada importa nada.

Desengáñate, este es tu lenitivo para los malos momentos: nada importa nada. Otros lo dijeron de otra forma, “nada te turbe, nada te espante”, por ejemplo.

Eso que tanto te aflige, te agobia , te preocupa, no es nada. Deja pasar un poco de tiempo y verás como se desactiva lo que parecía un problemón.

Muchos de nuestros cosquilleos en la conciencia son el peaje o la multa que pagas a una mala formación recibida. Eres la perra de Pavlov.

Pero sabes bien que no eres un animal domesticado, o lo deberías saber.

Pon toda esa porquería de comida que has comprado, o te han vendido, en la nevera de tu inteligencia, deja que pase el tiempo hasta que caduque, abre el frigorífico, y la tiras a la basura. 

PASAR DE TODO.

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A mi me ayudó mucho en su día descubrir una debilidad de mi carácter que me inquietaba, y lo pasaba mal.

Todas las semanas en las casas que viví cuatro personas se encerraban en una habitación y hablaban de “nosotros”. “Nosotros” éramos los residentes que vivíamos allí.

Un día pregunté a un viejo zorro  de qué trataban allá dentro tantas horas.

- Hablan de ti.

- ¿Y qué dicen de mi?

- Todo lo que tenga que ver contigo en cualquiera de los aspectos de tu vida, las que hayas contado en la charla, y las que no..

Yo tendría 18 años. Aquella confidencia me puso en guardia...”¿así que se habla de mis problemas de "pureza"?”...”¿o sea, que saben lo de que escapé al Plata?”...¿así que...?

Y me volví un trolero de campeonato.

Después, años después, me deshice de la idea de quedar bien, de que me importara nada lo que se pudiera pensar, decir, o juzgar, sobre mi persona. ¿Consecuencia de esa decisión?: regresé a la sinceridad.

Lo que hablen en una habitación, en un rincón de un pasillo, en privado, o en público, me la refanfinfla. 

Hay una frase que he oído muchas veces, y una hace bien poco : “eres lo que los demás perciben de ti”,

Pues no señor. Tú no eres tu reputación.

Muchas veces proyectamos una imagen errónea y distorsionada de nosotros, de aparentar algo que no somos, de maquillarnos, de mimetizarnos a ese ambiente que nos mediatiza con sus costumbres, sus normas no escritas, sus miedos.Nos pasamos la vida comparándonos, y las comparaciones son fruto de la ignorancia.

Pásate la palma de la mano por la barbilla y nefrégate en todo. Lo que importa es tu carácter, que es lo que realmente eres en esencia. No dejes al ego ni un palmo de terreno, ¡ése es tu verdadero enemigo!,nunca tiene suficiente, siempre quiere más...y hará lo que sea para que no cantes, que seas como los demás, que tu espejo refleje una mentira en la que nunca te reconocerás.

LO QUE NOS QUEDA.

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lunes, 3 de febrero de 2014


Como una vez a la semana con gente de muy diversas edades, condición, formación, religiones, pensamiento político, inteligencia, y educación. Hay de todo. Hay jefes , indios, transportistas, secretarias, administradores, comerciales, tíos que pasan por allí...

De repenete, depronoto,ipsofacato, alguien desaparece. Y la vida sigue. No es el trabajo un sitio para hacer amigos.

A esta gente los divido en dos: los que hablan de temas que tienen que ver con cosas que tienen: han ido de viaje a no sé dónde, estuvieron en tal discoteca, cenaron aquí, fueron con los niños tal actividad que cuesta una pasta, están reformando la casa, asistieron a “Hoy no me puedo levantar”...alguno de más confianza te cuenta el ligue del fin de semana, y si echó o no echó un casquete.

Y están los que hablan de la vida, de la última que le pasó a su hijo en el colegio, de un partido de fulbito que jugaron con los amigos, de “¡chica, cómo se ha puesto Terelu, pobre!”, de lo mal que baila Colate, de alguna anécdota del fin de semana.

No se habla de política, ni de religión.

Después están los expertos en comentar tonterías...los que se meten con la gente en plan bromitas más o menos inofensivas. Por ejemplo, hay salchichas de segundo y uno suelta, “¿leísteis ayer en el periódico que descarriló un tren lleno de moros aquí al lado, y que fallecieron 45 de ellos?” (esto dicho mientras se zampa una salchicha al aire).

Lo que me llama la atención es que para la mayoría de la gente- me incluyo-, uno es lo que tiene, y necesitamos manifestar lo que tenemos. Aunque sean mariposas en el estómago...que luego vas al WC y hay que ver las mariposas de los cojones cómo son...¿Y ese cartucho , ese zurullo, es lo que te hace sentir enamorada?,¿a eso le llamas “mariposas”? 

De vez en cuando pienso cuando pasé unos meses en el paro, buscando trabajo. Es bueno no olvidar esas situaciones que nos enseñaron tanto, ¿o las has olvidado?. 

Aprendí que cuando pierdes las cosas, o te las quitan, ¿en qué te conviertes? ¿eres la misma persona?, ¡pues claro que sí!. El mismo que cuando tenías trabajo, tu pequeña influencia, tus relaciones de compañeros, tus horarios, los padres del colegio de tus hijos que te saludaban al toque de un claxon cómplice de vuestras actividades... 

Calificamos a las personas por lo que tienen cuando lo material, es solo eso, material. 

Más o menos, como el material del que están hechos “las mariposas en el estómago”. 

No eres lo que tienes, amigo. Pregúntale a tu mujer, a tu marido, a tus hijos, a tus amigos, a tu gente, y verás que eres una persona cojonuda...¿qué te queda si te han despedido?,¡todo!. ¿Acaso eres menos persona?. 

No eres sólo tu profesión.

TIENES UN MOMENTO

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jueves, 30 de enero de 2014


Hubo un tiempo en mi vida que me ponía malo cuando alguien se acercaba, presionaba un poquito mi codo, y decía sonriendo “¿tienes un momento?”.

Al principio, durante los primeros años, picaba, y respondía “¡por supuesto, faltaría más, por el amor de Dios!”. Después caía en la cuenta que el tipo de la sonrisita era un perfecto cabrón que venía a tocarte los cojones. Claro, no le podías responder “ ¡no tengo un momento, vete a tomal pol saco, pesao!”.

Pero por lo menos le ponías cara de decirle eso, y cosas peores.

Lo del “tienes un momento” es lo lo mismo del “cuando puedas” en los bares. Pero lo mismo.


El tío que entra en el bar que está a reventar , levanta la manica, y dice al camarero “ cuando puedas tres cañas, dos Cocacolos, y tres tapas de croquetas”. 

“Cuando puedas”.... Lo que quiere decir es “ mira, aquí está el más guapo del bareto y me vas a traer tal y tal, pero ya”. Eso lo sabe cualquier camarero con un poco de experiencia.

Porque “cuando puedas” es una falta de educación y de respeto por el trabajo del camarero , que “si no puede” será porque está que lo peta de curre y ya le llegará el turno al guapito.

Y si le dice “cuando puedas” y el camarero está solo en la barra leyendo el periódico, entonces, el cliente es que es gilipollas.

Y uno llegó a la conclusión de que jamás, insisto, jamás, te acerques a un tío con cara de “¿ tienes un momento?”, porque te va a venir con una gansada de aupalerele.

¿Para qué te tengo que dar yo a ti un momento, a ver?,.. ¿para que me digas algo que a ti no te gusta y a mi sí?...¿para decirme una cosa que ya sé de mi porque es defecto de fábrica y no hay manera de arreglar esa tara?...¿para qué me apartas de mi camino, me paras en seco, y me dices que te has dado cuenta que tengo los zapatos sucios?...

¡Joder!, pues para eso no me pares y me metas en una habitación. Para eso, me lo dices directamente, “ ¡joder, macho, cómo llevas los zapatos!”, o “ ¡oye, deja comer a los demás patatas fritas, que también nos gustan !”...y tantos ejemplos de la vida cotidiana que en la calle , y en la familia, se arreglan sin tanta ceremonia, y tanta martingala.

Y el “tienes un momento” dejará de existir y se usará para cosas más serias.

Entonces no dirás “ tienes un momento”, entonces dirás “ tenemos que hablar largo y tendido de un asunto serio usted y yo, caballerete”.

EL LOBO DE WALL STREET (¡VÉNDEME ESTE BOLÍGRAFO!)

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miércoles, 29 de enero de 2014


El lunes  hacía una tarde de perros, y me sentía uno de ellos, así que me metí en un cine a ver “”El lobo de Wall street”.

Dicen que "ellas" , cuando están malamente, van a la peluquería o al Corte Inglés...yo me meto en un cine a las 4.30, y si estoy solo, me fumo un cigarrillo...¡me fumé dos! (las tres horas que duró la película).

Un desfase de flim, un despropósito alucinante , un desenfreno de sexo desde todas sus variantes, de drogas con manguera, de encumbrada y pura apología del forre capitalista, y de un desmadre sideral desde el principio hasta el final .

Extravagancia y bordería hasta el extremo, libertinaje caótico y explosión imparable de locura.

Exceso y salvajismo del poderoso "Don Dinero"; exhibición obsesiva y continuada de una legalizada y permisiva falta de valores, de cualquier tipo de moral o ética mínima que se pueda exigir.

Inimaginable e impactante reflejo de una forma de vida sin control ni sentido, estallido puro de adrenalina, permanentes sobresaltos emocionales que sientes con gran repugnancia, a pesar de lo divertido que se presenta el envoltorio.

Todo es enfermizo en "El lobo..."

Es una buena fábula con una moraleja más conservadora que las de Samaniego.

Porque todo es una farsa en esta historia. Scorsese habla en serio en esta película de risa, donde terminas con una mueca helada: la tuya.

Porque lo que ves en esas tres horas , poco a poco, cala.

No todo es un caudal de impudicia Allí habita un discurso crítico sobre esos tiburones sin escrúpulos que marcaron y gangrenaron el sistema.

El sueño americano está al alcance de cualquiera (que no tenga moral) y Scorsese señala con coña irreverente el dinero y el compulsivo e inabarcable apetito de riqueza como una adicción mayor que la droga , el sexo enfermizo , los coches.

¡Es la pasta, idiotas!

Belfort , su protagonista, forma desde su púlpito una iglesia y legión de sectarios en ese universo de mentiras donde las acciones en la bolsa son polvo de hadas, una mentira con la que seducir a cualquier ser humano que desea hacerse rico.

La comedia termina en drama (que no tragedia) , y el humor y la mueca se deforman lentamente. El sexo (y su carnalidad) ya no es erótico ni divertido, es incómodo y doloroso: enfermizo. El último polvo de Jordan Belfort sobre su mujer sobregoge y no hace ninguna gracia.

Sabemos que el chiste es muy malo, esos tíos nos dan asco.

 Y aparece  Scorsese soltando  una ustie a su arrogante protagonista , y sobre la propia audiencia- sobre ti-  dando fin a una farsa que, en realidad, fue tan real como excesiva y espeluznante.

El final , ese funcionario honrado del F.B.I. , sentado en el metro, de vuelta a casa, con el mismo traje toda la historia ,rodeado de seres tan anodinos como él...como nosotros.
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Queramos o no, somos parte de ese rebaño que el lobo devorará, si no andas con ojo...todo empieza como acaba esta maravilla : “¡véndeme un bolígrafo!”

Salí del cine a las 7.30...y fueron tres horas bien aprovechadas. De todo se aprende.

LOS HOLANDE DEL MUNDO.

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martes, 28 de enero de 2014


La experiencia de la soledad sólo se da un modo verdaderamente profundo en la demencia y en el infierno, pero parece ser que también puede lograrse una experiencia un tanto demencial y un tanto infernal en bastantes parejas, hasta que llega la traición.

Entonces, el que recuerda reprocha al que olvida "¿qué has hecho del pasado?, ¿qué ha sucedido con tus promesas primeras?".

Y puede suceder que la fidelidad del primero no valga mucho más que la traición del segundo. ¿Quién no ha conocido esa mujer, o ese marido, que comparte con su pareja lo mismo que el sabor del caldo con la cuchara?

Sería el mismo egoísmo el que lleva al hombre maduro a aferrarse a su joven amante, y el que mueve a ésta a romper. Para él ha terminado la fiesta, mientras que ella no ha hecho más que empezar. Él necesita eliminar el pasado, y sólo quiere la apariencia. Ella busca otra cosa.

¡Ay, los Hollande's  del mundo!

Pero ambos se encuentran en ese punto en el que se ama como se come. Y, entonces, la traición de Hollande consiste en vomitar. Y la fidelidad  de Trierweiler en rumiar.

La rueda sigue...

PULLITAS.

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domingo, 26 de enero de 2014

Seguro que los habéis sufrido.

 Me refiero a los pullitas. También se podría escribir , “los puyitas”. Sea como fuera, el resultado de una pulla con frecuencia es “una puya”. Son esos que se expresan a través de indirectas, misiles, zarpazos en clave, muchas veces con la herramienta de los refranes.

Como hay un refrán para cada ocasión y, me temo, vienen estudiados de casa- nada en ellos es improvisado.

A esta gente lo de “pedid y recibiréis” no va con ellos: no saben pedir. Se tendrán por muy perspicaces- el abuso de indirectas , está demostrado, les hace creer que son muy “listicos”- pero su futuro es dramático, destructivo, tóxico.

A la gente normal le gusta que le hablen claro, que se entienda lo que les dicen.

Un consejo: mándalos a freir espárragos..
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