Hace unos días me hice una radiografía de los pulmones. El radiólogo me preguntó si había tenido una enfermedad pulmonar. Contesté que no. Me aconsejó que cuanto antes fuese a ver a mi médico de cabecera.
Al parecer , encontró señales de que padecía EPI, una enfermedad pulmonar que puede tener muchas causas en su origen. Es grave. Es degenerativa. Y termina con una bombona de oxígeno.
Hoy lunes fui a Pontevedra a la neumóloga. Está perpleja , pues mi aspecto , forma de vivir, oxígeno, las pruebas de aspirometría, han salido muy bien. Sin embargo , la radiografía no deja ninguna duda respecto al diagnóstico. Como quiere centrar la causa - aunque ella misma dice que puede no saberse con certeza (hay ciento y pico tipos de EPI) ordenó un TAC y analíticas varias.
Así que hasta septiembre no sabremos más. De momento, aquí seguiré , mal que le pese a alguno.
Agradeceré la oraciones de los que recen. Mucho. También los buenos deseos de los que no rezan, pero son buena gente. O mala, da igual. Todo suma.
Tengo miedo, claro. Me imagino finales muy oscuros. Me duele hacer sufrir. Y sé que este camino, por más que me acompañen en él gente que me quiere, lo hago solo.
Tengo ejemplos que seguir que fueron por esa senda antes que yo. En ese sentido no estoy solo.
Hay personas que guardan memorias rencorosas con su pasado, gente tan afectada por traumas reales o imaginarios, que son verdaderas enfermedades biográficas. Pienso la de quien fue mordido por un perro siendo pequeño, y sostiene que todos los perros son iguales, y además pretende imponer unas restricciones excesivas a quien desea tenerlos. En lugar de perro ponga usted Dios, una enfermedad, o lo que quiera.
O esos que tienen un trauma no real sino reconstruido, una especie de sufrimiento a posteriori sobre cosas que nunca fueron un verdadero problema.
Yo no quiero ser así.
Ayer me escribió un viejo amigo , sacerdote:
"Suso, son las seis menos vente de la mañana del cuatro de julio. Es día de la Independencia aquí en EEUU....en un momentito me voy a la parroquia a ponerme en mi rato de oración, de lectura, la liturgia de las horas, ahí junto al sagrario. Allí volveré a pensar en ti. Gracia por tus mensajes que me clarifican las cosas.
Yo también te quiero. Sin conocerte físicamente, pero me has hecho tanta compañía en tantos años, que...va, ya lo sabes, te debo mucho, y mi sacerdocio también te debe mucho. Y ese sacerdocio, a veces pesado, a veces monótono, a veces muy seco y muy frío, pues yo lo pongo delante del Señor y le ofrezco mi cansancio , mis malos momentos para que te sostenga a ti y a tu mujer.
Recibe mi bendición, y dentro de nada te enviaré un regalazo de gracia en la santa Misa.
Seguiremos.