Lo hago desde hace mucho tiempo: para dulcificar el insomnio acostumbro a imaginar escenas de mi vida pasada: cumbres que coroné en excursiones con gente maravillosa, tertulias cantadas durante horas con un entusiasmo histérico , o detalles de relaciones donde puse el corazón, y poca cabeza, toda la historia con Manuela, o los encuentros con Juan Pablo II...y otras vidas así.
O, incluso, esas personas que tratan de mantenerme lejos. No disminuirá mi afecto por ellas. Todos los esfuerzos para salvarme de ellas, fracasarán.
O, incluso, esas personas que tratan de mantenerme lejos. No disminuirá mi afecto por ellas. Todos los esfuerzos para salvarme de ellas, fracasarán.
Todas esas escenas me ayudan a navegar la noche, pero en medio de esos amores ,a veces elaboro inútiles disquisiciones que añaden más confusión a la oscuridad y entonces me duermo.
Para conciliar el sueño a altas horas de la madrugada, escucho "Contigo en la distancia" ( la canción que le canté a capela en nuestra boda a Manuela)
Mientras Cristina Aguilera canta eso de que " contigo en la distancia estoy" , me da en el magín que el alma humana que ha compuesto esta maravilla merece salvarse.
Pero no sé.
¡ Qué más da! Estos pensamientos tontos con los que paso la noche, tampoco son para tanto. Porque al recordar mi particular magdalena de Proust, como Manuela, o toda esa gente que amé, y amo, la vuelvo a vivir en la memoria.
Y si pienso en la estrella más remota de la última galaxia, solo de pensarla, ya estoy en ella.






