Lo que me hizo entregar mi vida a Dios en el opus dei fue la alegría. Y querer darle la vuelta al mundo como un calcetín.
Yo en la opus me lo pasé muy bien.
Después , con los años, viví con gente que ese buen vino de su entrega se agrió y se cinvirtieron en un vinagre. Eso que creían que la seriedad era un signo de distinción. Y la risa era mal vista, algo infantil. Y todo terminó mal. La risa era como una de esas joyas que se guardan en un cajón, pero que nunca se lucen en la calle. Acabé harto de esa madurez y seriedad de mulos. Viví un tiempo en el que para tomarse a alguien en serio, ese alguien debía renunciar a su humana y hermosa ligereza.
No citaré nombres. O sí, que cojones, Fidel era así, y Joan de D. Don Manuel D. Y...¡ joder, estaba rodeado de ellos!
En la vida estamos de paso. Y qué mejor forma de combatir nuestra levedad que a carcajadas. La alegría es una batalla contra el tiempo. Somos ese 'qué buen ratito' que soltamos como para nosotros tras un instante de sonrisas y confidencias.
Así viví con Manuela. Y así vivo hoy con María José. Y así en el gimnasio. Y así con el que se cruza en mi camino.
No quiero ser trascendente. No quiero ser importante. Solo quiero sentarme delante de una copa de Jack Danie's , rodeado de gente a la que quiero, y hablar sin pensar en lo que los demás van a pensar de mí. No hay mayor placer que ser libre, que ser espontáneo, que dejar de medirlo todo, al menos por un rato.
Da igual la casa, da igual la mesa, da igual si el vino es bueno, malo o regular. Da igual si es El Barullo. Lo que importa está dentro. Lo que importa cabe en un sitio tan pequeño como el corazón. Mírate los dedos, y haz el gesto de una pizca juntando el dedo gordo y el índice . Ese es el tamaño de tu corazón. Apenas un puntito. Y ahí, como en un cofre diminuto, caben todas las cosas importantes que vivimos y que nos quedan por vivir.
No sé cuánto me queda. Pero cuando marche, no quiero dejar nada por hacer. No quiero cuentas pendientes ni asuntos de los que mejor no hablar, ni risas reservadas para mejor ocasión. Quiero llevarme la vida por delante, a porta gayola. Quiero que la gente diga: " ¡Joder, qué tío!" '. Quiero esa preciosa forma de vivir que es sentir. Amar. Llorar. Y reír.






