COMO UNA PIZCA.

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sábado, 14 de septiembre de 2024

Lo que me hizo entregar mi vida a Dios en el opus dei fue la alegría. Y querer darle la vuelta al mundo como un calcetín.


Yo en la opus me lo pasé muy bien. 


Después , con los años, viví con gente que  ese buen vino de su entrega se agrió  y se cinvirtieron en  un vinagre. Eso que creían que la seriedad era un signo de distinción. Y la risa era  mal vista, algo infantil. Y todo terminó mal. La risa era como una de esas joyas que se guardan en un cajón, pero que nunca se lucen en la calle. Acabé harto de esa madurez y seriedad de mulos.  Viví un tiempo  en el que para tomarse a alguien en serio, ese alguien debía renunciar a su humana y hermosa ligereza.


No citaré nombres. O sí, que cojones, Fidel era así, y  Joan de D. Don Manuel D. Y...¡ joder, estaba rodeado de ellos!


En la vida estamos de paso. Y qué mejor forma de combatir nuestra levedad que a carcajadas. La alegría es una batalla contra el tiempo. Somos ese 'qué buen ratito' que soltamos como para nosotros tras un instante de sonrisas y confidencias.


Así viví con Manuela. Y así vivo hoy con María José. Y así en el gimnasio. Y así con el que se cruza en mi camino.


No quiero ser trascendente. No quiero ser importante. Solo quiero sentarme delante de una copa de Jack Danie's , rodeado de gente a la que quiero, y hablar sin pensar en lo que los demás van a pensar de mí. No hay mayor placer que ser libre, que ser espontáneo, que dejar de medirlo todo, al menos por un rato.


Da igual la casa, da igual la mesa, da igual si el vino es bueno, malo o regular. Da igual si es El Barullo. Lo que importa está dentro. Lo que importa cabe en un sitio tan pequeño como el corazón. Mírate los dedos, y haz el gesto de una pizca juntando el dedo gordo y el índice . Ese es el tamaño de tu corazón. Apenas un puntito. Y ahí, como en un cofre diminuto, caben todas las cosas importantes que vivimos y que nos quedan por vivir.


No sé cuánto me queda. Pero cuando marche, no quiero dejar nada por hacer. No quiero cuentas pendientes ni asuntos de los que mejor no hablar, ni  risas reservadas para mejor ocasión. Quiero llevarme la vida por delante, a porta gayola. Quiero que la gente diga: " ¡Joder, qué tío!" '. Quiero esa preciosa forma de vivir que es sentir. Amar. Llorar. Y reír.




PERDIDO EN EL ESPACIO

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viernes, 13 de septiembre de 2024

Una vez, siendo un canijo de cinco años, mi tía me perdió. El susto que se llevó fue de aúpa. Llegó a casa desconsolada. Había venido a echar una mano a mi madre y se encuentra que o sabe donde estaba.


En la familia, conociéndome, se dice que me fui detrás de un culo que pasaba por allí. No lo recuerdo, pero puede ser. Tengo un algo con los culos que pasan por allí.


Buscaron aquí y allá, y llegada la noche ya no sabían qué hacer.  Y una vecina, le llamaban "la Valen" - creo que era valenciana- apareció  y dijo que en Radio Zaragoza daban noticia de un niño perdido que decía llamarse "David" .


- ¿ A qué es él?- se coscó mi madre.


Y era yo. 


Me había encontrado un taxista que  había visto un niño detrás de un culo.


Y me preguntaban que por qué había dicho que me llamaba David. Y yo contesté " no sé". Y es que no sabía decir cómo me llamaba. Y el tío de la radio me decía " ¿ te llamas  Luis?.  Y yo "sí".

-  ¿Sí o no? 


Y yo. " No sé".


- ¿David?.


- ¡ Eso!, David.


Mi madre reflexionaba en broma deaños después  " ¡ la cantidad de problemas que nos hubiésemos ahorrado si no te encontramos!


Y,  dicen - yo no me acuerdo de nada- que me cayó una bronca monumental. Después me he perdido muchas veces en la vida. Por culos, y por mi mala cabeza. Soy muy despistado. No sé dónde tengo la cabeza. Muchas veces estoy sin estar. Parece que atiendo -  porque fijarme y parecer que atiendo lo hago muy bien . Como si mis ideas se voltearan  hacia otro lado. Me despisto con facilidad, olvido las caras, los nombres. Sobre todo de mujeres. Hay edades en las que todas  se me parecen.


Cuando en Viaró cuidaba de los niños en una línea de autobuses no sé la cantidad de veces que me llamaban de la compañía al terminar el recorrido porque se habían encontrado a un crío en una butaca, durmiendo. 


Una vez, en Lérida, conocí a un bellezón de mujer. Regresaba de impartir una charla para padres y paré en el Bis, un pub que estaba muy de moda entonces.  Nos caímos muy bien. " Tienes pinta de misionero", me comentó.  Nos dijimos los números de memoria. Fijaros si me emocionó ese encuentro que recuerdo  que mientras memorizaba el número sonaba " I want to be free"  de Queen- de eso no me olvido, coño. 


Un año después me la encontré en una fiesta del colegio - qué cosas tiene la vida. “¿No me ibas a llamar al llegar a casa?”. “Lo hice. Y alguien me contestó: No soy Carla, idiota. Y no son horas de llamar, gilipollas”.


En fin, que jamás la besé, ni la abracé. Nada . En los momentos más importantes de mi vida, mi memoria también me ha traicionado.


Ya es tarde para cambiar. Donde quiera que esté, siempre estoy en Babia. Estoy muy lejos, muyyyy lejos,  aunque me veas pasar cerca de ti. Siempre voy buscando, soñando, peliculeando . Aunque mi cuerpo esté en el ahora, mi imaginación ya anda en otro planeta.


Es el precio que pago en este Barullo.  Huir de lo que soy para encontrarme contigo, cada mañana, al otro lado de la pantalla.




HERMANOS.

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jueves, 12 de septiembre de 2024

Somos cinco hermanos, aunque en la familia contamos también con Juan Carlos, un hermano que nació un años antes que yo, el 28 de diciembre, y que falleció a los días de nacer.


Es como nuestro ángel de la guarda.  


Hubo un tiempo que mi madre contaba los abortos, tuvo dos. A mi eso me impresionaba mucho. Creo que ella misma se dio cuenta de que resultaba chocante eso de decir " tuve ocho hijos, cinco vivos, uno que murió, y dos abortos".


Siniestro.


Mi hermana mayor tiene dos años más que yo. Siempre ha sido la buena, la dulce, la obediente, la que de pequeña decía " ¡mira, mamá, me lo como todo , todo, todo!" 


Después de mi viene mi hermano, dos años  menor.  Buen chaval. Majete. De esos que mi madre cuando nos arreaba en el culo con la zapatilla, se bajaba el calzoncillo, enseñaba nalga, y soportaba estoicamente  el zapatillazo sin un mal gesto. Rollo Buster Keaton.


Luego están "las pequeñas". Son las que han tenido condescendencia: una siete hijos, y la otra dos. 


Nos queremos mucho. Nos llevamos muy  bien, a pesar de que cada uno ha tenido sus historias y su vida. Nadie se mete con nadie. Respeto gordo.


Mi madre, con noventa y tres años, tiene como tema favorito " Suso". Casi obsesivo. La verdad es que se las hecho muy gordas, y eso me hace inolvidable.  A la  edad de mi madre se repiten mucho las historias y la memoria  no  se actualiza y se queda moviola , así que cuenta unas barbaridades de mi que cualquiera que la escuche  piensa que soy un psicópata. 


Cada semana nos turnamos y vamos a estar con ella el fin des semana. Durante la semana una persona está con ella. Se llama Arelya y nos la queremos mucho. Es cubana. Y muy inteligente.


Mi padre ya no está, pero sigue con nosotros. Pasado el tiempo, te das cuenta de que dan igual la diferencia de años, el orden o los favoritismos. Tener hermanos es un regalo que nos da la vida. Una ayuda , socorro, aliento indispensable, la lealtad que da la sangre, los recuerdos compartidos, o aquellas gamberradas en casa o las confidencias.


Porque lo sabemos todo de todos.


Y es cierto que a veces la vida te lleva por caminos raros. Que hemos defraudado sueños de nuestros padres. Que algunos hemos sido un desastre. Que no todos viven según lo que a mis padres les hubiera gustado. Que hemos perdido mucho en el camino, que hubo que volver a empezar  Que  los amores mal llevados pueden jugar sucio. 


Pero no ha pasado nada. Nadie ha juzgado. Nadie ha hurgado. 


La familia es una arquitectura resistente, pero no indestructible. Y a mi me duele cuando alguien me dice que no se habla con sus hermanos. Que no se llaman ya. Que no se ven. 


A nosotros  nadie nos quitará aquella infancia común. Aquellas risas en la habitación hasta que era muy de noche. Las mentiras.  Se van los amores, se esfuman  los amigos, pero los hermanos siempre quedan. Aunque sea en el corazón. En ese refugio blindado que es el pecho.


Si tienes hermanos sabes de lo que hablo. Llámales. Reconstruye puentes rotos,. Preguntadles cómo están. Reíros juntos y recordar. No hay mayor tesoro que el amor. No hay mayor pobreza que el resentimiento.


Los hermanos son el sonido  de nuestra propia vida.



AQUELLAS VIDAS COMPARTIDAS.

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miércoles, 11 de septiembre de 2024

Cuando abandoné el Antequerano F.C.  lo que más eché a faltar es que no me llamó nadie por teléfono los días siguientes, ya en Zaragoza.


Miento. Me llamó un tío. Era secretario personal  de una señora con bastante poder político. Yo había sido tutor de su hijo. Su jefa le había dicho  "localízame a un tal Mendive en Zaragoza , y ponme con él" . Entonces éramos tres en esa ciudad  con ese apellido. Y  dio conmigo. 


Se había enterado la buena señora que había dejado el barco y quería echar la caña, con anzuelo guapo, para solucionarme la vida. La económica y la afectiva. Estaba separada y yo le parecía caza mayor.


Le  dije que este corazón ya tenía dueña.


Pero en la entrada me refiero a  la amistad. Me quedé sin amigos. Había que volver a empezar.


Porque todas mis relaciones tenían sus lugares de culto, sus ritos y su propio lenguaje , dentro de un ambiente muy concreto.  Y eran muy grupales. En la opus sólo te entiendes con la opus. ¿Quién puede comprender  que usabas cilicio, o disciplinas?  


Una vez estaba con mi amigo Jósum- ése sí que es un amigo con el que hemos sobrevivido a todo -  , cada uno con un botellín en la mano, ya con el  puntito, en una taberna del Pirineo , después de subir a Marboré,   me miró y dijo: “Pasarán los años y nos daremos cuenta de que pocas veces hemos sido tan felices como aquí y así ”.


Y tenía razón. La amistad es un lugar insólito. Tiene grietas, como todo lo que lleva años construido, pero da cobijo y nos resguarda del frío en tiempos inestables. He perdido algunos buenos amigos. La verdad es que bastantes. No creo haber sido buen amigo. Soy muy inestable. Es caprichoso el azar, que cantaba Serrat. A algunos los echo de menos, pero el amor, la opus, que vas de aquí para allá sin mirar atrás, la vida y sus cosas nos fueron separando. Ahora sigo sus vidas por FB. Sonrío si los veo sonreír. Pero a alguno lo extraño.


No deseo volver, la verdad. Sigo siendo  el mismo , y me temo que ellos ya no. ¿ Para qué llevarse decepciones? Sigo  viviendo como entonces, cuando no había nada realmente importante de lo que preocuparse.  Cuando todo se perdonaba porque todo era liviano. Cuando todos los amores eran amores extraordinarios.


En ese sentido, no me he movido un ápice.


Sí me gustaría volver a aquella Zaragoza con cabinas y sin móviles. Y saber qué habrá sido de Matilde Muñoz, aquella chica que me volvió loco y que no he olvidado. Cuando todo era físico, cercano. Cuando los veranos eran interminables.


Sigo siendo igual. Pero menos sociable, más solitario. Acabé un  poco harto de la gente cuando estuve con la gente. Ahora soy de los que dicen esa horrible frase de: “A ver si nos vemos”. Aunque luego no haga nada por ver a nadie.


Tengo el recuerdo de aquellas vidas compartidas.  Aquella felicidad aún brilla y parpadea en mi memoria.



HOY ES UN DÍA DE FIESTA.

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martes, 10 de septiembre de 2024

Uno de los recuerdos maravillosos que guardo de mis padres era la capacidad que tenían de sorprender  la rutina. Esa pareja se quería de verdad. De vez en cuando se iban a pasear solos por la noche, a tomar algo , a disponer un tiempo para ellos. Entonces nos dejaban solos. Era cuando aprovechábamos para ver en la televisión   películas de dos rombos. 


También con nosotros eran así. Hacíamos muchos planes sorpresa : ir al cine, al Cabezo a alquilar bicicletas , a pasar el domingo a Ontinar de Salz, a la orilla del río. 


Pero, claro, para hacer eso, con tu mujer ,  tus hijos, hay que estar. Mis padres estaban.


Soy muy voluble, caprichoso y, en ocasiones, destemplado. Cuando algo me ha gustado, me ha  gustado mucho . He bebido con manguera Jack Daniel`s.  He escuchado miles de veces en el coche la misma canción.  He subido montañas y me he jugado la vida sin pensar más que en el disfrute del riesgo. Me he enamorado de una manera enfebrecida, romanticona, desaforada, sin límites. Tengo un carácter apasionado y desmedido.


Con los años me he vuelto  contenido-  me ha sucedido lo que aconsejan los pasteleros a los que  trabajan en prácticas, eso de "déjale que reviente". Pues eso, he reventado. "Canséme", dicen en Asturias. Y me he dado cuenta que la vida también se mueve en las cosas pequeñas, en lo anecdótico, en lo accesorio. Que no todo son las cosas mollares. Que hay margen  para la frivolidad, para el capricho, para la fruslería. Y en eso  estoy.


Que recojo en mis  rutas ramilletes de flores silvestre y hago un ramo para mi señora. O  que  una tarde noto el sol y me tomo una copa de Jack's en un velador en la isla de Arousa. O me cruzo con una mirada de una mujer guapa, estilosa en una gasolinera, o en una panadería, - en fin, que está tremenda- y le digo  " chica, quiero que sepas que tienes unos ojos que son una buena excusa para venir aquí todos los días" .


Por cierto, feministas, todavía estoy esperando que me den una buena ustie.  Lo normal es que me digan " pues ya sabe donde tiene que venir".


Qué sería de la vida sin los gusticos.  Los antojos.  Qué sería de la vida sin esta cosa adolescente que me posee. Os voy a aconsejar una cosa : date una vuelta y sorpréndete, estrena, gústate, no mires la cuenta, que eso es de tiesos, de mierda seca: eso es una vulgaridad.


Date un moco y hazte el loco. Las cosas importantes se disfrazan de pellizcos de locura . A veces el camino a la felicidad es simple . Ponte guapa. Ponte guapo. Haz hoy un día de fiesta , tu cuerpo lo sabe, aunque le cuesta reconocerlo.


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Ayer no vi la entrevista a la Victoria Federica ésa , pero dejé el Hormiguero puesto y sin voz para hacer" share" , o como se llame eso.


Por tocar los cojones.



DE PATITOS Y FORMAS DE VER EL MUNDO.

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lunes, 9 de septiembre de 2024

Lo primero que me fijo en una mujer es en sus ojos. Su mirada.  Si ella quiere que atienda otras cosas , ya se preocupará de que enfoque el microscopio. Y después, en su conversación. A ver, mentira no es, pero verdad del todo tampoco. 


No soy de ligar. Fui durante años como los patitos amarillos que flotan en las ferias. Las ferias eran los colegios donde estuve.  Esperando a que me pesquen. Porque yo iba con el corazón en la mano . Mi único mérito era mantener el ganchito hacia arriba y no moverme demasiado.


En 1992, un contenedor se cayó por la borda en su viaje de China a Estados Unidos, liberando 29.000 patos de goma en el Océano Pacífico.


Diez meses después, el primero de esos patos de goma llegó a la costa de Alaska. Desde entonces, se han encontrado patos en Hawái, América del Sur, Australia, y viajando lentamente entre el hielo Ártico.


Aún hoy , años después de que los patos de goma se perdiesen en el mar, siguen llegando a playas de todo el mundo,  lo que significa que es posible escapar.


Yo soy uno de esos patitos que consiguió escapar.


Ya. Ya sé que hay muchos que me están leyendo y que piensan que no. Que ellos son reencarnaciones de Warren Beatty. Seductores. Pichasbravas. Irresistibles. Que se conservan bien, que cortejan, que tienen buen pico. Pues vale. Pero que te vengas arriba contigo  no es incompatible con ser un patito.


No me gusta la pena. Todos hemos pasado un infierno para llegar donde estamos. Bastante tristeza cargamos cada cual como para tratar sobre ella. Conmigo el entusiasmo y la alegría.  Alegría es sólo una mirada, una sonrisa que se escapa y que lo llena todo. Una forma de ver el mundo.


Una vez un tío muy principal, director de un colegio, me dijo: “Estás ganando muchos puntos”. No me hizo gracia. Porque yo no concurso.  Sentirme juzgado, valorado, como un bailarín que debe dar unos pasos maravillosos. Si te prueba bien y si no te prueba, bien también.


A mi me resulta muy difícil dejar de ser lo que soy, con mis desastres y mi cositas buenas.


Me basta buscar un karaoke abierto- ya no hay donde vivo- andar la vida y sus campos y sus rutas. He sido muy feliz así. Dejándome llevar, conviviendo con mis  imperfecciones. Decepcionando o sorprendiendo. Sin dejar de tener en cuenta de que la vida es corta, y que soy un patito.



DESPEDIDA DEL VERANO.

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domingo, 8 de septiembre de 2024

Este septiembre huele a volver a empezar y  a gente con cara preconstitucional. En el campo los cuervos graznan. Podría pasar el resto de mi vida encerrado en ese instante. En ese arranque de fin de verano con cielos que  tienen un tono casi azul, casi gris. Se acerca el otoño. 


Veo jóvenes que despiden el amor del verano . Son esos cariños que nacen en las playas, en los campings, y que toca que cada pájaro vuelve a su nido. "Cada uno donde es nacido , y bien está el pájaro en su nido". El amor de vacaciones es una lotería . Siempre llega, pero nadie sabe cuándo. Ni cómo. Ni en qué manos. Esos  amores se quedarán parados en la memoria  como un reloj que se queda fijo en una hora caprichosa. Esos amores son  un estruendo en la madrugada, como si tiraran recipientes y cascos  al contenedor de vidrio.


Veo unos adolescentes comiéndose a besos.  Nunca olvidamos el amor del verano. Cuando la piel se tuesta y los días son más largos y las noches son amables y cálidas. Y los besos son torpes.


Ya no soy ese adolescente, pero recuerdo y no olvido. . Ya no tengo aquel cuerpo. Ya no tengo tantísimo tiempo y el entusiasmo viene y va en función del viento que sople ese día. Pero sigo buscando ese amor. Exactamente ése.


Porque ese fin del verano es el mismo y, en el fondo, sigo siendo aquel chaval  enamoradizo que que el corazón se les aceleraba cuando aparecía aquella chavala  guapa  y esquiva.


Hay que amar. Porque el amor prolonga  las horas, incluso cuando ya te has despedido de ella. Hay que amar. Por los años perdidos, por los años que nos quedan por perder. Hay que amar. Porque la vida cabe toda en un instante.



Veo a esas dos criaturas despidiéndose y pienso en mi, en otro verano, hace muchos años, cuando la vida permanecía enterita  en una tarde de verano junto a ti.



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