CLLICK AQUÍ PARA ESCUCHAR "LEPIDÓPTERO".
Una vez me encontré a un antiguo alumno de Lérida en Tarragona. Me saludó él, porque yo no lo reconocí.
- ¿ Señor Suso?- preguntó.
- Ese soy yo...lo miré y no daba con el nombre, ni con nada. Porque quien me saludaba era una mujer despampanante. Una rubia de ojos azules y cara picarona, vestida para matar.
Era un travesti y, sí, cuando se presentó lo reconocí. Y, aunque soy experto en poner cara de " aquí no pasa nada", no conseguí salir de mi asombro. El joven trabajaba de putón en una discoteca de Salou .
Nos tomamos una cerveza en un bar de la Rambla Nova . Habían pasado cinco años desde que le di clase , y fui su preceptor. Charlamos con cierta incomodidad. Le pregunté " pero qué te ha pasado, estás muy cambiado?". “ Claro- contestó- todos cambiamos. Imagino que no esperaba usted verme así. ¡ Ay, lo del opus! , ¡siempre tan raritos!". Mucha pena.
En Tarragona me perdí. Yo creo que llevé muy mal el desprecio de alguno de los que vivían conmigo. Y el no importar a mi gente. Fue una época de mi vida bastante extraviada. Bebía porque cuando bebes pasan cosas. Y las noche en esa ciudad estaba llena de encuentros inesperados. La gente de Tarragona tiene muchas sorpresas .
Una madrugada, después de una noche movida, nos encontrábamos sentados en las afueras de la terraza del pub Antiquari Luis L. y el menda .
En el local había un apartado donde se podían cantar directos en días entre semana. Habíamos cantado un repertorio de rancheras , versionadas como baladas de Los Secretos, y mucho Sabina.
Un hombre elegantemente vestido nos escuchaba acodado en la barra. Terminado el repertorio, mientras salíamos a la calle a echar un cigarro, el ser humano se me acerca:
- Cantas muy bien- dijo con la voz bastante empastada por el alcohol.
- Muchas gracias - le contesté .
- No soy maricón- prosiguió- pero me has puesto tan así que me han entrado ganas de darte por el culo.
Otro día, en Torrendembarra, me metí en un hotel donde amenizaba las cenas un tío que era una especie de hombre orquesta. El típico cantante con un repertorio muy internacional. Nos caímos muy bien - cogí el micrófono y le hice algunos duetos. Después nos tomamos una copa y me regaló una púa. Me coló que era de J. Forgety , el cantante de Creedence . No me lo creí- lo mismo que a él no le colaría mi inglés cuando le acompañé. Pero me pareció un buen tantazo.
Se la regalé a una madre que me dijo que era una fan de la Credence. Y, aquí sí, entró entró.
Con los años me he dado cuenta que el encuentro más sorprendente es el que tenemos con nosotros mismos. Cuando los días se pone muy cuesta arriba. Cuando tenemos esa sensación de que estamos como el chino ése que da vueltas a los platos para que no caigan. Y lo ves de aquí para allá dando golpecitos de muñeca. Agobiado. . Y, de repente, remontamos. Nos empezamos a sentir fuertes. Y tiramos para delante. Y i sabes cómo.
Cuando no dabas un duro por ti, y nadie apostaba por ese caballo que lleva tu nombre. Y nos vemos cansados. Y, sin saber cómo, esa fuerza que nos nace dentro. Ese ángel, o quien sea, que tira de ti. Qué alegría es, a veces, sobre todo tras el temporal , eso de encontrarse con uno mismo.


.jpg)




