Hay gente que se siente excepcional, y como tal actúa. Estos excepcionales hacen lo que les rota porque se lo permiten, y se lo permiten, normalmente, es porque mandan.
Shakespeare propone en el célebre monólogo de Hamlet dos salidas . Ser o no ser: afrontar con gran ánimo los golpes de la fortuna ( o sea, ser), o dormir, tal vez soñar, y con este sueño dar fin a las miserias de la vida ( o sea, no ser).
Escucho , y me gusta mucho, la canción "As it was" de Harry Styles.
"Deteniéndome
La gravedad me está deteniendo
Quiero que sostengas la palma de tu mano
¿Por qué no lo dejamos así, no más?..."
Uno también quisiera volar. Y hubo un tiempo que mi ideal era ése. Ascender.
La vida es de altos vuelos: abres la jaula, naces, como un pájaro, como si fuéramos gorriones, halcones, mirlos, canarios, lo que sea, y saltamos, fuera de los nidos, nos esparcimos por los cielos, hacia lo alto. A eso le llamamos los años, la vida - que será libre o no - , volar, crecer, vivir, dando volteretas, coleando, atrapando lo que sea.
Algun@s nos hemos columpiado, sin llegar a volar, pero sintiendo la cabeza del aire, los labios del cielo.
Y luego está la otra vida, la que se lo lleva todo, la que cierra la jaula, la que da un portazo, borra el cielo, apaga el día, lo hace con toda su mala leche, porque es voraz, porque nunca da tregua. Ella, de golpe, con el que da un puñetazo sobre la mesa , esparce todo ese jilguero, acalla toda esa pajarería, basta ya de risas, de infancias, a tomar pol saco los días azules, y nos estruja como esponjas.
Y lo hace de mala manera, sin avisar, arrancando el corazón, y llevándoselo , chorreando, como si nada. Y, encima, no lo hace una sola vez, sino miles de veces a lo largo de una vida . No importan los cielos, esas manos, van recto al corazón y lo estrujan, aprietan, se lo llevan, un corazón bien vivo, que apenas unas horas antes era todo latir, saltaba, daba brincos, amaba.
Y así, te despiertas, un día, de golpe, estás en tus cosas , y la noticia te pilla de repente, en medio de una comida, todavía te quedaba el postre, y entonces llega la mano, de un tirón seco, brusco, te revienta, te quedas aturdido, como un niño ante una pregunta que no entiende : fulanito ha muerto. Se acabó su vuelo.
Y es la gran paradoja: la muerte nos arranca el corazón, así es, pero, a la vez, nos lava, nos quita la mugre, lo sucio, lo inútil, de pronto vamos al grano, solo importa lo esencial, la savia, solo importa esa pura locura del vivir. Subirte a un columpio y escuchar su chirrido. Todo se queda más limpio, en su sitio, cada segundo encaja, cada minuto, brilla como oro.
Eso hace la muerte, sin cesar, nos despierta, nos recuerda que cada día es una vida, que no demos nada por sentado, que todo es en balde, pero que nada, nadie, es diminuto.
Cuando me muera , si me hacen la autopsia, verán una inmenso álbum de fotos , donde estarán todos esos rostros que me han atravesado, alcanzado, iluminado.
Aquí, en el columpio...
Deteniéndome
La gravedad me está deteniendo
Quiero que sostengas la palma de tu mano
¿Por qué no lo dejamos así, no más?
Vemos estos días hacer un espectáculo de la mentira en muchos terrenos: políticos, periodísticos, religiosos.
¡Pero son tantos los terrenos!
No le tengas miedo a la verdad porque por dura que pueda parecerte y por hondo que hiera, sigue siendo auténtica. Naciste para ella. Sal a su encuentro, dialoga con ella, ámala, que no hay mejor amigo, ni mejor hermana.
Sí, nacemos sinceros. Es después que nos echamos a perder. Es experiencia común y universal que cuando alguien quiere fingir se apunta a una escuela de arte dramático. Nos tienen que enseñar a simular afectos y representar lo que no somos.
La verdad puede molestarnos, pero nunca nos hará daño.
Tarde o temprano la verdad nos visitará, y si tu vida está hecha de mentiras no la reconocerás. Como Pilatos preguntarás con escepticismo y sorna “¿qué es la verdad?”. Y te darás la vuelta, como que la cuestión no va contigo.
Si quieres saber si vives en la verdad hazte esta pregunta: ¿Soy cómplice de la mentira que hay a mi alrededor? Mentir no es sólo decir lo contrario de lo que se piensa, sino que también puede consistir en callar la realidad que nos compromete. Hay silencios cómplices que son sinónimos de mentiras. Si perteneces a una institución que tiene estructuras inmorales, y miras hacia otro lado, eres parte de esa mentira.
¿Es un partido político una estructura inmoral...¿un sindicato?...¿los legionarios de Cristo?...¿una gestión de empresa basada en el lucro a cualquier precio?...¿la Iglesia puede tener un Banco?...¿a qué huele un pastor que en lugar de cuidar ovejas está pendiente de los valores de la Bolsa?
Hace unos días estuve con un ser humano. Lo quiero mucho, y él a mi. Sin embargo, algo se rompió en esa relación. Se tiene por bueno. Y eso me apena. Porque se ha creado una segunda naturaleza , una que anida en su corazón. No es el dinero, o sí. No es el poder, o sí. Es la vanidad. Se ha metido en un disfraz que ha terminado por poseerle.
Poco puedo contar ( no me lee, pero muchos que le conocen sí) . Ha llegado muy alto, empujado por los grandes del mundo. Trabaja de alto ejecutivo en una empresa donde la corrupción está legalizada, pero apesta. Corrupción que es parte sustancial en sus proveedores. Y también de sus clientes. Un mundo de alta política que, con toda seguridad, él no es consciente de su papel.
Supongo que dirá " alguien lo tiene que hacer".
Y sí, es cierto, alguien lo tendrá que hacer.
Si contestas “¿pero qué es la verdad?”, ya sabes en qué equipo juegas.
¡ Qué bien recuerdo los días en el campo con mis padres, cuando era bueno y feliz!
Es uno de los mayores placeres de la existencia. Mi padre nos llevaba a los pinares de Zuera, o en un lugar mágico que se llama Ontinar del Salz , y allí disfrutábamos en la orilla del río tirando piedras planas , que saltaban como ranas sobre la superficie Íbamos en un Seat Seiscientos los siete. Así íbamos al campo. Cantábamos mucho. Reíamos. Rezábamos el rosario de regreso.
El día se hacía enormemente largo. Nos bañábamos, mi padre pescaba a mano , explorábamos los alrededores, nos echábamos la siesta, llenábamos las botellas con agua y, al anochecer, cenábamos una tortilla de patatas con jerséis para protegernos del viento a la luz de una lumbre.
Ayer vi una familia comiendo en el bosque en Caldas , padres y tres niños . Estaban al lado del río. Me quedé hipnotizado por la imagen . Me recordaban escenas idénticas de aquellos lejanos domingos en el campo. Sé perfectamente qué se siente allí. Probablemente los niños no. Pero allí se estaba sembrando. Al menos pedí que así fuese , que esos críos recordasen con el tiempo como yo ahora.
La imagen me produjo una sensación de placidez absoluta, de reencuentro con un pasado remoto que podía revivir hasta en sus mínimas sensaciones: el olor de los juncos y la paja, la sombra protectora de los chopos, la frescura del agua del manantial, la voz de mi padre.
¡Aquellos días parecían eternos!, los instantes se anudaban unos a otros como las cuentas de un rosario, el tiempo se paralizaba después de comer y la tarde parecía que nunca se iba a acabar. Los nimios acontecimientos que perturbaban aquella quietud cobraban una naturaleza mágica. Porque en mi padre anidaba el corazón de un poeta.
Aquellos domingos en el campo se han grabado en mi memoria como las hojas de un libro cuyas letras se van borrando. Lucho a diario por aferrarme a esos recuerdos. ¿ Sabéis por qué?: porque mi fe en Dios está allí. Lo que entonces parecía la eternidad es ahora un instante del que no quiero desprenderme.
¿Aquellos esplendorosos días de verano se han ido para siempre?. No. Ese pasado brilla como la luz de una cerilla en la oscuridad. Por eso, escribo estas líneas.
Ayer fue la fiesta de la Inmaculada. María es la huella dactilar de Dios en la arcilla humana
La Virgen María está con la última persona que sufre porque está descolgada en el pelotón de la vida por su cansancio y su soledad, y sabe que llegará a meta cuando el control ya se ha cerrado y todos están en otra historia. No está en la riqueza del éxito, ni en la mentira de los grandes del mundo.
Está en esas madrugadas de los insomnes de dolor y tristeza de l@s que lloran. Esa noches donde parece que no importas a nadie. Está a tu lado, en tu pobreza, y también en esos pecados, que crees que no tienen perdón. En el fondo de toda tu miseria está ella, y la besa.
Anida extramuros, en la calle, en el silencio, en los sueños, en la piel leprosa, en los escombros, incluso en la basura.
Está a tu lado. Ella sabe. Es de los nuestros.
Donde no suele cobijarse nunca es en el verbo de los que radian el Tour de la vida.
Ayer vi Amanecer, la película de Murnau. ¿ Cómo pude estar tantos años sin ver esta maravilla?
El corazón, ese gran perjuro que nos lleva y nos trae a merced de los vientos de la pasión. Me sentí muy identificado con ese protagonista , en su infidelidad, en su arrepentimiento, y en su amor. El sendero de la vida, el paso del tiempo, y la tentación de lo prohibido nos pueden llevar a tomar las más equivocadas e irreversibles decisiones y en nombre de algo que creemos llamar felicidad.
Hacernos cometer los más atroces estupideces, tonterías, y falsedades. O no. Quizás aún se esté a tiempo. Quizás esa locura aún tenga remedio y surja el perdón, el reencuentro, la esperanza, el amanecer.
De eso va este peliculón.
Durante hora y media, Murnau hizo lo que quiso conmigo: me emocionó, me estremeció, me llevó a través del drama, la comedia, la intriga y el romance como sólo los grandes saben hacer: con destreza, con convicción, con maestría. Esto no es sólo una cinta más, es poesía en movimiento, una oda al poder redentor del amor con mayúscula; ese sentimiento que tan fácilmente puede llegar a olvidarse por culpa de la traición, pero que siempre aguarda, sólido como una roca, en el fondo. Por mucho fango que lo cubra.
Hay algunos films a los cuales es difícil hacer justicia con palabras. Esos cuyas imágenes trascienden en sí mismos cualquier descripción posible y no hay términos que logren hacerles verdadera justicia. “Amanecer” es uno de ellos. Porque no habría que criticarla, ni diseccionarla, ni estudiarla. No quiero saber cómo se diseñó, ni la técnica de sus tomas, sus decorados , quiero permanecer ignorante, embriagado, y conservar así la certeza de que a veces, muy pocas veces, la magia hecha celuloide es posible.
No la veáis. Vivirla.






