El frío y el cierzo de mi infancia se ha convertido en una categoría en mi alma
Lo recuerdo en las tardes moradas de diciembre , cuando cubierto con un pasamontañas te encogías sobre tí mismo al dar la vuelta a la esquina que cruzaba la Gran Vía con el Paseo Sagasta y exclamabas "¡coño que viento!"...de allí que al rincóncico se le llamase "Esquina del coño"
El cierzo que venía del Moncayo , viento del norte silbando en los canalones del patio, mientras leía tebeos, o soñaba mis cosas al volver de la escuela con el pelo revuelto y desaliñado.
Aquella ventolera persistente, agresiva, salvaje y arrebolada de la infancia la llevo asociada a las faldas de algunas mujeres , y a las chicas del sagrado Corazón recogidas sobre sus brazos cruzados y el pelo alborotado .
A veces nevaba en Zaragoza, y la noche suspendía todos los sonidos , los apelmazaba. Los perros no ladraban, no se oía ninguna voz en la calle y el roce de la vía del tranvía parecía llegar atravesando un silencio blando. La pureza de aquella nieve tardaba mucho tiempo en ser vulnerada hasta el punto que la conservo dentro intacta todavía.
Con los mocos de estalactita transparente en el belfo sobre aquella luz gris acerada íbamos al colegio , con guantes de lana , calcetines de media caña, que se te comían los zapatos , pantalones cortos , y el pasamontañas también de lana. .
El deshielo de marzo, al final de un frío extenso , es un espectáculo muy puro cuando se produce en el corazón de los Monegros , esas escarchas que lloran el rocío al amanecer, o se desliza desde aquellos plataneros de la niñez que sólo pertenecen a nuestra memoria.
¡Joder, cómo me duele esa infancia que no consigo atrapar , como este viento del que escribo y recuerdo!
Hoy la gente va al trabajo con sus miedos a cuestas y las ruedas de los coches aplastan la primera luz de la nieve que sólo pertenece a los niños. Los niños ya no la pisan virgen, blanca y pura como una miniatura japonesa, que son los que mejor la han pintado. A ellos les queda el barro.
A simple vista se trata de la vida, pero esa sucia y oscura amalgama negruzca que se forma en la ciudad al día siguiente de la nevada es la metáfora de en qué nos hemos convertido: mientras aquí abajo la sociedad se ha convertido en un barrizal de negro pez de intereses espúreos, de corrupción , de egoísmo , la nieve que cayó estos días pasados ha ido a refugiarse de nuevo en el corazón del bosque, y se espolvorea en las orillas de los sembrados.
No sé donde anda el alma de ese niño que fui, hoy me encuentro zarandeado por la vulgaridad, incluso la mía; la violencia de los fanáticos y la agresividad de ciertos personas que no citaré me hacen sentir miserable.
Pero en este momento el sol de febrero en algún lugar muy preservado está transformando la nieve en un martillito de luz que se desprende desde las ramas de un humilde pino hasta el humus fermentado.
Durante la caída atraviesa nuestra memoria y te roza ese pelo revuelto de tu niñez.
Vuelve a ella, nada está perdido. Viendo la vida como ese hielito final del vaso que de pronto hace un ruido
Vuelve a ella, nada está perdido. Viendo la vida como ese hielito final del vaso que de pronto hace un ruido
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