Para llegar a ser mejor persona de la que eres, regresa a la muñeca que te acompañó desde niña. No encontrarás mejor amiga que ella.
Leo esta deliciosa parábola de Proust.
Debajo de toda la hojarasca que cubre el alma podrida de los codiciosos no hay nada.
Se necesita una determinada forma de excavar para llegar a descubrir toda la mentira , los abusos, la apariencia hipócrita de bondad que ocultan los ricos piadosos.
Son lo pior de lo pior.
Aunque esté muy bien cubierta bajo capas de opiniones que hablan bien de ellos , de maquillajes de misas, rosarios, de peregrinajes a Santuarios marianos, se olvidan del "¡ ay de los ricos!"...y del profundo desprecio que Cristo sentía por ellos.
Cada pareja está concernida en muchas personas. No te casas con fulana/o, te casas con una cultura de abuelos, padres, hermanos, tíos, primos...exparejas, vivas y difuntas, hijos , también vivos y difuntos...es toda una tupida red de biografías que afectan, y mucho , a tu chic@.
Cuando era un chaval en el colegio de los jesuitas se inauguró una especie club juvenil , medio parroquial, al que íbamos chicas y chicos de 15 años en adelante. Yo estaba fascinado por ese lugar porque había baile y ambiente . Allí bailé pegado por primera vez con una chica que se llamaba Elsa. No era guapa, pero tenía unas tetas rollo película de Fellini.
Porque , la verdad, uno a los 15 años estaba más salido que un balcón. Sólo quería hacer dos cosas que cuando las veía en las películas pensaba " ¿ y yo, qué "?. Y esas dos cosas eran, tocar teta, y besar a una chica.
Las guapas eran taxis con el cartel de " ocupado ", así que una tarde me dije " da igual, de hoy no pasa ". Y me senté en un sofáre de piel de sky al lado de Elsa . Elsa era rubicunda, un poco hipermástica para su edad , de brazos Pirelli, y como sembrada de pecas, como una sopa ...
Sonó "Oh Lord, why Lord", una canción de un grupo que se llamaba "Pop Tops", y que cantaba un negro
" He buscado en el cielo abierto
para hallar la razón de por qué
Era un lento lastimero, un negro rezando a Dios, " Oh lord, why Lord"....y le pedí bailar y estrenarme en la tentadora proximidad de los cuerpos.
Al sentir el enganche de su sostén y sus manos abrazando mi cuello creí que me moría...pero no ayudaba oír eso de Oh Lord, why Lord, como una oración, como si mi alma me estuviese avisando del pedazo de pecado mortal que iba a cometer.
Terminada la canción la invité a sentarnos y tomar algo. Le pasé el brazo sobre el cuello . Le sonreí. Ella me miró, y sonrió.
¡Estábamos demasiado cerca!
Allí aprendí que si te sientas en paralelo a una persona, y estás muy próximo a ella, al mirarla la ves bizca . Y Elsa, bizca, dejaba mucho que desear, la verdad
¡ Pero da igual, uno iba a lo que iba!
Mientras, seguía el eco en mis oídos de " Oh Lord , why Lord ¡" . Una balada tristísima que canta un tío que llora a Dios quejándose de su negritud y de que vaya mierda es esta vida . Vamos, como para andar besando a Elsa...
Y pienso "¡ a la mierda, venga Suso!"...
Y en ese instante, que necesito moverme para tomar posición y decidirme , siento que se me ha dormido el brazo. ¡¡¡Esta muerto!!¡, con un hormigueo horrible, como necrosado...¡ Oh Lord, why Lord! Muerto, cadáver total.
La miro. Me mira. Nos miramos.
Cierro los ojos. Elsa me toma la mano . Tenía mi cuello como un flamenco, me refiero al ave zancuda . Sus ojos brillaban febriles. Puse mi cabeza en su cuello, ¡ Dios, qué bien olía esa mujer!
Suspiré . Y la besé. Fue un beso muy de novatos . Una apretada de morros. Nada serio. Pero perdí el mundo de vista. Un zumbido en los oídos. Una caricia en la mano de Elsa. Un calor como de fiebre. Apoyó su cabeza en mi hombro. Metí la nariz entre su pelo. Tuve una erección. Un disparo de sangre. ¿Qué era esta cosa del deseo, este extraño cosquilleo?
Salí de allí acelerado. luego en la habitación me soñé esa escena a cámara lenta. Aquella fue la mejor y la peor noche de mi vida. He tenido noches mejores y noches muy desastres, pero esa...
Años después de aquel beso di muchos más. Pero jamás nadie se volvió a apoyar en mi hombro como Elsa. Ni se me volvió a dormir el brazo apoyado en el sofá .Y no es nostalgia, sino la certeza de que el tiempo es mi particular rapa das bestas. Me moriré con la adolescencia brotándome de la boca
Sentir esas tristezas puntuales nos hace tremendamente felices....¡oh Lord, why Lord!
Hay personas que aplauden en los aterrizajes. Es como un alivio de sentirse salvado ante el acojone que se presentía al intuir al avión vadear en el aire.
Con los años uno desconfía de lo que debería entusiasmarme. Si al entrar en un despacho veo sobra la mesa una foto familiar, y otra instantánea del sujeto con el Papa, y otra con el rey, pienso " ¡malo!: estas fantasmadas las pagas tú: el colegio de estas criaturas, la operación de tetas de la señora. la visita del santo Padre". O un restaurante así como muy tal, lo mismo. O los comerciales almibarados y muy artificiales . No me fío.
Ya sé que hay sitios, personas, instituciones, qe deberían entusiasmarme, pero ya es tarde. Ya he sucumbido a todos los ideales. Me pasa con los políticos. Esos que , dicen, son modernos, transversales, dialogantes, ecopollas...¡ qué cansinos!.
Y me sucede con la iglesia. Tenemos un papa que al que le convenza, pues vale, pero a mi, a otro perro con ese hueso. No creo en él. No me entusiasma. Y no es por él por dónde enchufo mi fe.
A mi fe le pido colmillo e incomodidad, y no politiqueo y agenda 2000, indigenismo políticamente correcto, cambio climático y "discernimiento", que parece una versión edulcorada de la libre interpretación. A mi fe le pido que me insulte, que me zarandee.
Querer contentar a todos es el camino más corto para tener descontento a todo el mundo. No quiero una religión que suponga un cómodo viaje. La fe es una travesía en el desierto. Demasiados corazones en los logos, y ninguno al tomar decisiones de calado.
Al papa, a este papa, le aplaudirán en su particular aterrizaje , pero porque da mucho miedo ver como da bandazos la nave que pilota durante el vuelo.
"¿ Dicen que la distancia es como el viento », cantaba Domenico Modugno. No quiero escribir sobre el cambio climático, que me parece algo que huele a ideología, a mucho dinero, y a rollo políticamente correcto , sino de la sensación de añoranza que siempre me produce el viento.
Aquí, en esta tierra donde vivo feliz, hace días muy ventosos. Llevamos varios días que silba muy fuerte.
Al igual me sucede cuando contemplo el mar, hay algo atávico en mi inconsciente que me liga al viento. Soy de interior, de Zaragoza, tierra de Monegros, y cuando vi por primera vez el mar desde un tren me quedé hipnotizado por el azul, y el olor. Después he vivido en Barcelona y Tarragona y el mar entró en mi sensibilidad para siempre.
El mar también es ventolera , vendaval y brisa.
El aire me retrotrae al cierzo de mi infancia, al frío de pasamontañas, a mocos sorbidos a lametazos, a esquina del " ¡coño!".
Nacido en una ciudad cerca del Moncayo , uno ha pasado mucho frío en su infancia. La escuela estaba helada, las casas no tenían calefacción central y las corrientes de aire gélido del río Ebro dejaban tieso a más de uno. Y las pantorrillas al fresco , la piel de gallina, y los calcetines que se comían los zapatos.
Recuerdo que la familia íbamos con frecuencia a un pinar a Ontinar del Salz , donde no era raro que nos cobijásemos de la ventisca en una majada o cobertizo de pastores.
Ahora, me temo, nadie sale los domingos " a la aventura", como decía mi padre.
Estas noches el temporal ha bufado con una fuerza brutal. Me arrebujaba en las sábanas y recordaba mi infancia, y esos pitidos asmáticos del huracán al colarse por las rendijas. Pocas veces se duerme mejor.
Un juego de cuando estudiaba en los jesuitas era mear contra el viento para ver quién llegaba más lejos. ¡ Nos poníamos perdidos! Pero siempre había alguno que conseguía batir un récord.
El viento, la brisa, siempre será viento y tendrá sus encantos para cada generación. El viento es un vestigio de la infancia que pone ante nuestros ojos la precariedad del tiempo.
Voy a visitar a mi madre cada dos meses a Zaragoza. Ese fin de semana acostumbro a pasear la ciudad y sus barrios. Recuerdo muchos rincones, y esa añoranza me ayuda.
En uno de esos paseos me crucé con un amor platónico de adolescencia. Mi desencanto fue mayúsculo porque, como era previsible, la realidad no coincidía con el recuerdo ideal que él me había forjado de aquella mujer. Parecía un anuncio de Sherwin Williams " sus pinturas cubren el mundo".
El mismo fin de semana reconocí y paré en la calle a un tipo de mi edad. Los dos fuimos monaguillos en santa Engracia, y hacía cerca de cincuenta años que no nos veíamos. El hombre me miró con rostro alzheimirzado, como intentando enfocar la memoria y la mirada, pero sumido en el desvarío.
- ¡ Joder, con el pelo blanco y así...no te reconocí!
Tanto el estupor del que se reencuentra con una antigua novia como el del que recuerda todavía la imagen de un viejo amigo están justificados porque todos sabemos que el tiempo hace estragos.
Pero eso no es lo esencial. Lo esencial es cómo se ha vivido y qué se ha vivido. Santa Teresita vivió 24 años, estuvo gran parte de su vida en el interior de un convento y, sin embargo, uno se lee su "Historia de un alma", y comprueba que esa mujer tenía la experiencia de vida y el conocimiento de las cosas del mundo de cientos de prostitutas. No hay que vivir mucho para entender el alma humana.
Me pregunto qué habría pasado si yo hubiera intimado con aquella mujer. Mi vida habría sido distinta y mi percepción de ella, también.
Tiene gracia, cómo somos: Kierkegaard renunció al amor de Regine Olsen en vísperas de su boda y luego vivió toda su existencia con la convicción de que se había equivocado.
Nos podemos arrepentir de las cosas que no hemos hecho, pero nunca de las que hemos hecho como una apuesta personal. He cometido estupideces muy grandes, algunas de ellas aún me avergüenzan recordarlas, y errores planetarios y, aunque pido perdón por ellos, no lo lamento porque yo creía que era lo que tenía que hacer.
Para mi el drama de un ser humano no reside en haber sufrido por haberse equivocado sino en no haber gozado por no atreverse a asumir riesgos. Sólo en lo incierto, en lo perecedero está el disfrute de las cosas. La certidumbre sólo produce aburrimiento.
Prefiero ser un pecador impenitente que busca a ciegas el sentido de la vida que ciertas santidades que se conforma con la seguridad que proporcionan los dogmas. No era el caso de nuestra santa Teresita.
Hay quien piensa que sólo se conoce la felicidad cuando se ha revolcado en el cieno. De mi diré que sí, que cuando me he sentido como un cochino me he acercado a la felicidad. ¿Por qué?: porque aprendes mucho: a pedir perdón, a volver a empezar, y a eso que aconsejaban los pasteleros cuando formaban a sus becarios , " ¡ déjalos que revienten a merengue!"
Una manera de llegar a lo más sublime es a través de lo más procaz, lo más animal que hay en nuestro interior.
El pensamiento abstracto, como a Nietzsche, produce locura, la mística nos lleva al arrobamiento, y nuestro cuerpo a la verdad más profunda de lo que somos. Los que no somos inteligentes, ni santos, ¿ qué nos queda?
Lo que de verdad cuesta es reconciliarnos con la devastadora imagen que nos ofrece el espejo a los sesenta años, que es cuando la cara se convierte en reflejo del alma y los estragos del tiempo triunfan.
Sólo una vez en mi vida conocí un sacerdote que fuese, de verdad, un buen director espiritual. Se llamaba don Ezequiel. Sólo hablé con él una vez y esa conversación la tengo grabada muy dentro. Me preguntó qué era lo que más me gustaba hacer Le contesté que no era lo que más me importaba si hacía lo que me gustaba.
- Estoy donde me han dicho que esté, y sí soy feliz.
- ¿ Pero te gusta dar clase?
- No es que me guste, es que me han dicho que dé clase en Viaró , y allí estoy.
- Insisto...a tí, de verdad, qué te gustaría hacer.
- Es que no me lo quiero plantear.
- ¿Por...?
- Porque no me dejarían.
- ¿Quién no te dejaría?
- Los directores de la obra.
- ¿Y eso ?...
- Quieren que esté donde estoy. Si quisiera otra cosa, no me dejarían, o tendría que...oiga, ¿podríamos hablar de otro tema?
- Pero en la obra te enseñan a pensar, no qué pensar.
- Pues a mi e enseñan a pensar lo que pensar.
Insistió el hombre un poco más. Me preguntó por mi afición a cantar y componer canciones. Me animó a qué me formase más, a que hiciese un cursos...
Y no. No hice nada, Y siempre supe que era eso lo que debía de hacer, formarme y buscarme la vida. Tenía 25 años y una vida por delante y la desperdicié.
Esa conversación pudo haber sido un momento crucial en mi existencia. Finalmente nada sucedió. Él siguió su vida, y yo la mía. Él murió. Todo ha cambiado y la vuelta atrás es imposible, pero sé que en aquella conversación fui un hombre cómodo y cobarde.
No elegí por romper con esa vida fácil y sin muchos problemas de profesor. Aposté por lo probable.
Después tuve que decidir , en un cruce de caminos de conciencia, por lo improbable, en el sentido más pascaliano de la palabra. Pero esa fue otra historia.
Hoy sé que toda elección comporta una ganancia y una pérdida, pero las consecuencias son imprevisibles porque siempre existe el azar. Lo importante es la elección por sí misma.
Leí una novela, no recuerdo su título, en que uno de sus personajes sueña con tener un amuleto que le permita seducir a todas las mujeres. Algo así decidí después de aquella conversación . Cuando sólo obedeces eliminas el azar y la necesidad de tener que elegir.
Entonces tuve miedo a dos cosas, a imponerme a la voluntad de otros, y a vivir en la incertidumbre.
Ayer me decía una persona que quiero mucho, y ella a mi , que no le gusta que escriba y recuerde tanto, y tantas veces , a mis muertos.
¿ A qué muertos ?, le dije.
" Siempre es la misma, tú ya sabes".
Sufre porque piensa que un viudo desconsolado es un coñazo.
La pregunta que le hice tenía su qué, porque en mi mochila llevo muchos muertos.
Quizás lo mío es una enfermedad : todo mi pasado, y todo es todo ( personas, lugares, ciudades, paisajes....), vienen conmigo y los vivo y amo en presente.
Don Clemente, profesor en la Escuela de san Antonio, en Torrero, los jesuitas, con sus nombres y apellidos, todo ese colegio, alumnos y profesores. La escolanía de Santa Engracia, su gente y sus curas, y el colegio Montearagón , donde estudié COU.
Y toda la gente de la Obra donde estuve, viví, reí, canté, lloré, y quise.... Las mujeres que amé, por supuesto Manuela, pero también Matilde, y Carmen, y Ana...
Me dicen con frecuencia que cuento las cosas como si hubiesen sucedido ayer.
Ayer mis padres, ayer mis hermanos mis amigos, mi Dios, mi Virgen, mis rollos...
Y es verdad. Todo ese pasado, el bueno, el malo, el regular viene conmigo y el que me quiera, o la que me quiera, lo debe aceptar, porque soy así, y me moriré así.
Después de Manuela han venido más historias y más gente....¿ y qué puedo hacer si las quiero?
Yo no entierro nada de mi vida, ni lo relego al olvido. ,
Hay cosas deterioradas, tierras deterioradas, tiempo deteriorado (perdido) y vidas deterioradas....a mi el Juicio Final no me sacará los colores.
Meter la pata lo hace cualquiera, pero disculparse está al alcance de unos pocos. Uno, que ha metido la pata muchas veces, desde bien pequeño y, encima, le han pillado en todas, es un doctor en eso de pedir perdón.
Y no entiendo que alguien no se disculpe cuando le han pillado bien pillado.
Hace unos días, en esas conversaciones por teléfono que tengo como voluntario en la Cruz Roja , una señora me contó que había sorprendido, de un modo casual , el teléfono de su marido. Le era infiel.
Las conversaciones que tenía con otra señora eran de aúpa, las fotos muy, pero que muy subidas de...en fin, guarrillas.
- La señora le enviaba desnudos de ella en su casa, en la ducha.
Lo habló con el marido. No lo negó.
- Le dije que yo no compartía mujer, que se fuera de casa. Le planché toda su ropa, se la preparé las maletas, y se fue la semana pasada. Los dos estamos mal, pero mejor así.
- ¿Y está dolido?, le ha pedido perdón?
- Lo está, pero no me ha pedido perdón.
Lo peculiar de esta historia , nada extraña , es que él acaba de cumplir 80 años. Y que la señora que le tiene enganchado de los esos es de 50, latina. Ya sé que lo de latina sobra, pero no tanto: el rural está petado de latinas a la caza de solteros usuarios de puticlús, o casados más tontos que mear en un porrón.
Quien dice latinas dice albanokosovares, o alguien que sobrevive en este mundo cruel.
Lo que me llamó la atención es que la buena mujer, si él le hubiese pedido sinceramente perdón, le hubiese perdonado. Ya casi nadie pide perdón.
Me hacía una pregunta mientras ella contaba su particular drama, ¿ qué tiene el sexo que aún a los ochenta tacos sigue dando guerra ( al que se la da). El sexo , que produce placer y desolación, neurosis y felicidad, atracción y repulsa, violencia y ternura, amor y perversión...¿pero a los ochenta?, ¿ no has aprendido a esas alturas que la condición del hombre es la gilipollez?
Por la estupidez de pensar que una mujer le enseña las tetas porque es guapo ese hombre rompe todas las barreras del honor y del prestigio social.
El albañal del sexo a cualquier personaje lo puede convertir en un salvaje o sumirlo en el ridículo. A este lo ha hecho fosfatina.
Pero lo que sé es lo siguiente : todo hombre que quiera tener una vida con sentido deberá controlar dos instintos que son muy masculinos, el sexual y el agresivo.
Tengo un amiguete en el gimnasio, se llama Javier. Es policía nacional. Buen tipo.
El otro día me preguntó qué era lo que me gustaba más en esta vida. Me sorprendió la pregunta.
- Supongo que lo que hago cada día. Estoy jubilado y hago cosas que me gustan.
Y pensé después que, es verdad, vivo de disfrutar mis horas.
Cada día hago deporte. O voy al gimnasio hora y media, o ando ruta de senderismo. Cada día grabo una canción en una Steinberg , la canto , la mezclo y la guardo en el ordenador. Cada día leo un libro , esta temporada el Quijote. Cada día escribo. Cada día actualizo el Barullo, facebook, instagram. Cada día fotografío la vida que veo. Cada día rezo, básicamente doy gracias, incluyendo a los odiadores , y desde que sé quién es, incluyo a su familia. También cada día hablo con mis muertos. Cada día veo un capítulo de una serie de Filmin. Cada día digo que quiero muchas veces a un ser humano. Y también cada día hay un momento, inesperado, imprevisible, que nos reímos mucho. Cada día oigo a las ocho las noticias en la radio. Cada día escucho Spoty web player. Cada día hago la compra. Cada día me escribo por watsap con mis hermanos. También con unos cuántos exalumnos.
Cada día me asomo a varios digitales, también a diferentes cuentas de twiter.
Todo esto es a diario. Después vienen las costumbres semanales. Por ejemplo, hablo con mi madre una vez, mínimo , a la semana. Salimos a comer por allí, visitamos un algo , una ciudad, asistimos a un concierto, quedamos con alguien. Vamos a misa al rural, que es toda una experiencia de fe. También voy los lunes de voluntario a la Cruz Roja.
En fin, no puedo quejarme. Hago lo que me gusta. Y disfruto.
Tengo la teoría de que detrás. o debajo, o escondido en muchas obras de arte, bastantes diseños, o en modos de vestir de tiempos pasados, hay un gay oculto en el armario.
Me sorprende visitar iglesias, admirar cuadros, presenciar bailes, admirar trajes, ver algunos cortes de pelo, o, sencillamente, leer poesía, y uno intuye " aquí hay gato encerrado".
Entiendo por gato una autoría de sensibilidad homosexual.
Subo algunos ejemplos, pero son muchísimos los que , no sé, me da que son obras de la imaginación de un tralarala. Eran tiempos de censura, siglos oscuros, y cada uno se defendía como podía.
Los cuadros y las esculturas que expongo tienen un algo que , al menos a mi, llaman la atención. En uno de ellos, las miradas. en otros el rollo gay que se presiente ( ¡ojo con ese san Juan!) Pero puedo estar equivocado. Da lo mismo, no mato por eso.
Lo que me parece que no tiene ninguna duda es el Aurresku. El aurresku de honor que se baila hoy por hoy, tiene su origen en las antigua soka dantza (danza de cuerda), que se bailaba en corro, generalmente compuesto sólo por hombres unidos de la mano, o sujetando pañuelos, y formando una “cuerda”.
Van de blanco impoluto, se plantan delante del homenajeado y se ponen a dar saltitos levantando la garra hasta pegarse con el pie casi la punta de la cabeza, enseñando el culete en pompa, como pidiendo guerra, y se pone dar saltitos...en fin, no sé a quien se le ocurrió la danza, ni que pretendía con ella, pero a mi siempre me pareció que un baile de hombres, para hombres, de blanco, y dándose la mano ( fuera parte lo de levantar la pierna...me lo tienen que explicar muy bien.
Y ya no quiero pensar en otros bailes, en otros ritos, los seises, y vestimentas eclesiásticas, judiciales, o liturgias de universidades, aceitera, aceitera, aceitera.
Hoy todo se ha normalizado, pero esa duda siempre me ha rondado cuando contemplo la vida que fue y sus artificios.
Esta foto fue portada de la revista Life en su tiempo. Es de un pobre chaval, apenas quince años, con su uniforme militar, su capote. Las tropas americanas han tomado Berlín . Llora desconsolado. Llora como lo que es, un niño.
Este niño de la guerra no ha sobrevivido a los grandes ideales.
Todo se ha venido abajo. El chaval fue incorporado a la trituradora ideológica ofreciendo su alma a un hombre del que hizo un dios antes de darse cuenta de quién era el diablo. Seducido , quizás obligado, fue una víctima. Adoctrinado hasta lo indecible, coaccionado, intimidado, despojado de sus infancia y adolescencia, arrebatado de su hogar, entregado a menudo por sus mismos padres al ogro de la esvástica.
Jóvenes como este fueron utilizados por los nazis, que los convirtieron en sujetos de un atroz experimento social, reservorio de sus ideas abominables.
Hoy la historia se repite.
Todos los días la terrible metáfora del Flautista de Hamelin se vuelve a cumplir : ninguno de esos niños volverá a ser feliz el resto de su vida.
Yo fui también un flautista. Con esto no digo que todos los que conmigo estaban fuesen flautistas, ni que todos los que siguieron mi melodía estuvieran abducidos. Eso no lo sé. Pero que yo era un flautista, sí.
Me duele escribirlo.
La esencia y la belleza de las cosas reside en su carácter perecedero. Que duran poco.
Fue cuando tenía 12 años que el colegio de los jesuitas cambió de sede y dejaron abandonado en medio de la ciudad. Después se construyó la sede de Ibercaja. Yo vivía muy cerca.
Allí descubrí una afición apasionada por los lugares abandonados, que después desarrollé con mi padre, gran recolector de antigüedades nocturnas en pueblos desolados.
Los lugares abandonados le cambian a uno. Allí el espíritu destructor y vandálico que todos llevamos dentro se lleva a cabo. Ocultos en el silencio, la soledad y el grosor de sus paredes —fuera del alcance de los demás - el placer de romper cosas, en especial vidrios, era catártico.
¿Será por eso que los cristales de las ventanas de todas las casas abandonadas están partidos por certeros piedrazos? ¿Qué se esconde detrás de esa vandálica vocación? . La pura aventura. Y el gamberreo .
De entre todas las partes que tienen las edificaciones, los jardines y parques son las primeras en sublevarse cuando el sitio queda abandonado. Enredaderas, y plantas desbocadas sin el control ejercido por el hombre, desoyen la domesticación a la que habían sido reducidas y lo copan todo.
Presionan y resquebrajan el asfalto; retuercen hierros; escalan y desmoronan paredes. El mundo vegetal reclama el escenario. Lo reconquista sin pausa. Lo vuelve propio. Un jardín abandonado es la naturaleza en movimiento. Es autonomía. Es la anarquía hecha ramas.
Un edificio en ruinas recuerda la pérdida de una batalla....y con los años es una metáfora de ti mismo.
Esta foto es del patio interior de ese colegio de jesuitas - El Salvador - que después recorrí en su abandono de arriba abajo.
Enmascaramos, ocultamos y maquillamos la decadencia.
Detestamos hacernos viejos y tratamos de evitar nuestra ruina.
Miles de productos se venden a diario con el solo fin de luchar contra ella.Cremas, lociones, sesiones de electricidad, magnetismo y terapias de rejuvenecimiento. Un arsenal de elementos se acumulan en nuestros botiquines.
No queremos ver nuestras arrugas. No deseamos observar nuestras canas y sufrimos cuando los vientres se abultan.
No queremos hacernos viejos. Envejecemos con angustia.
Y eso no es correcto o “natural”. Lo emocional domina a la razón y es así como nacen los monstruos.
Observa el abandono de cualquier cosa.
Nos anuncia el porvenir irremediable. La humedad, el desconche de la pintura, las rajaduras en la pared, los pisos levantados y vidrios rotos son excelentes metáforas que no podemos eludir y que, aún así, nos fascinan (como las historias de fantasmas).
Me chifla esta viñeta de Quino. El enfermo ve acercarse a la parva. Tal vez ese hombre padece de Alzheimer y está pallá pero , en su delirio, el tío , entusiasmado, le echa el último kiki .
La vida y la muerte, casi nada.
A veces pienso que somos las sobras de otras vidas.
¿ Qué pensará de mi aquella mujer que me besó una mañana en una tienda donde iba a comprar pan?,¿ o ese padre del colegio que me contó que su mujer se fue con el párroco de su iglesia y que desde entonces no cree en Dios, ni en los sacerdotes?, ¿ o Matilde M. la primera mujer que le dije que estaba enamorado y me mandó a la mierda?
¿ Estaré aún en su memoria ? O en la de mi profesora , Querubina, que le vi las bragas y recibí por mi osadía una bofetada planetaria.
Nos creemos protagonistas y personajes principales en la vida de muchas personas , pero la mayoría de las ocasiones somos como ese limón envuelto en papel de aluminio que se endurece en un rincón del frigorífico. O como ese yogurt de mango y plátano que caduca en la nevera . Somos la mandarina despachurrada y abandonada que en su día pintaba bien y ahora es un asco con hongos.
Nuestra existencia no es tan importante. Nuestros padres nos quieren, nuestros hermanos también, la pareja , los hijos, algunos amigos, pero para muchas personas somos algo que metieron con urgencia entre dos panes. Una pobre cena de supervivencia.
No somos irremplazables. Ya aprendí que a los afectos llegamos con hambre y con prisa. Yo y tú. Y si no, corremos el riesgo de llamar amor a cualquier cosa.
Pero, bueno, siempre alegra saber que apareces en el fondo de la nevera de alguna mujer con la que pasé un tiempo maravilloso, o en la memoria de algunos compañeros de trabajo que me contaban sus confidencias y nos sentimos amigos.
Ayer en la Cruz Roja hablé por teléfono con una persona mayor, se llama Juventina. Tiene 86 años. Me habló de un hijo que se le murió a los 20 años en un accidente de trafico . No lo olvida. Le dije que ojalá un día nos veamos todos en el cielo.
- ¿ Qué cielo?...¿cómo sabe usted que existe el cielo?. Nadie ha venido en miles de años desde allí a decirnos que hay después. ¿ Cómo puede estar usted tan seguro?
La verdad es que no le falta razón, vistas las cosas así. Nadie ha venido desde allí a contarnos qué sucede. Y le contesté que mi fe es un Resucitado ,pero que ni eso tenía muy claro. También dudo.
Y ella me dijo: " todo pasa. Pasó mi hijo, mi marido, pasó la guerra. Fuimos a Venezuela. Regresamos...todo pasa"
Me dejó muy tocado esa conversación. Es verdad que todo pasa, y se nos olvida. Pasó Lasierra Purroy, los jesuitas y Montearagón. Pasó Monterols, y Herzegovino, y Viaró, y Terraferma. y Turó, y Peñalba. Y con ellos cientos de personas, y de paisajes. Y pasó Manuela, y Matilla. Y Alessa. Y Serunión. Y mi padre. Y Guatemala. Y Penwin.
Pasaron caras, y muchas historias, algunas cuentas pendientes y asuntos de los que mejor no hablar. Y yo pasaré.
El mundo es un naufragio. Flotamos entre tablones , que son parte de nuestra biografía. Nos agarramos a lo que podemos para no hundirnos con el resto de cosas prescindibles. Son cosas que van camino del fondo oscuro del océano de la desmemoria.
Regreso a casa escuchando música. Las canciones. Ellas resisten y son memoria de amores de juventud, de viajes familiares donde cantábamos repertorios de nuestros padres. En las canciones resiste una parte de mi que no quiere desaparecer. Que no quiere que el ruido de la calle me sepulte.
Escucho en Radio Gallega una canción de Andrés do Barro, o "Tren que me leiva...". No es nada, no es gran cosa, pero se me engancha muy dentro y la tarareo. Y me devuelve algo que es luz. O así me lo parece.
Todo pasa , pero creo que en la música está algo que permanece. Me moriré cantando. Y eso es lo que me gustaría haberle dicho a Juventina, que tiene que haber algo que continúe la belleza de alguna de las cosas que disfrutamos aquí: el amor, la música, el baile, el arte...incluso aquellos que no han disfrutado y viven en el dolor, en la enfermedad, en la maldad del mundo.
Pero no tuve valor para decírselo, porque yo también dudo, y tengo miedo, y siento frío, y sucumbo a la desesperación.
Escucho a Do Barro:
O tren que me leva pola beira do Miño
me leva e me leva polo meu camiño,
o tren vai andando pasiño a pasiño
e vaime levando cara o meu destiño,
alguén pode ser que me espere na estación,
a terra da felicidad.
La última estación...donde nos espera Alguien.
Había un anuncio que decía algo así como " ¿ a qué huelen las cosas que no huelen?".
No sé a qué se refiere. Todo huele a algo, y la gente huele, incluso los más feos vicios hieden. La codicia tiene un olor que el que lo ha testado no lo olvida. Conocí el despacho de un codicioso. Tenía un sillón con orejeras heredado de su padre, segunda generación de culos piadosos y de afanes de Epulón. Y olía a cerdo. Tenía también cara de cerdo, y cuello porcino - no tenía cuello- y andaba como los gorrinos, incapaz de mirar al cielo.
Uno de sus socios fue también jefe mío. Es el que descubrí que escribía aquí cosas que resultó que las provocaba la envidia. Aún sigue escribiendo de vez en cuando. La verdad, me sorprendió muchísimo que dedicara tiempo al Barullo. Presumía de ser hombre muy inteligente. A este hombre, antes de jubilarme, le profeticé:
- Cada vez te pareces más a Urelles. Terminarás siendo como él, rico, porcino, y mala gente. Y te creerás bueno.
Le sabía muy mal oír esas cosas. Hace dos días vi una foto actual de él y me impresionó: está gordo, sin cuello, porcino. Millonario. Y también piadoso. No se pierde una misa, y va a todas las reuniones parroquiales, y de padres preocupados por la formación de sus hijos.
O sea, clavadito a su socio. O sea, rico, porcino, y se cree buena persona.
Lo que sucede es que, además, es guarrete: no se corta las uñas, se rasca los dallós, y cuando se agacha se le ve la raja del culo. Pero eso le viene de cuna.
Me fui de vareta. Lo que quería decir es que donde fuimos felices dejamos un aroma que nos acompañará siempre. Y al revés, esos lugares donde fuimos felices, esas personas., nos dejaron su aroma. También el amor posee una esencia agria. Los amores inolvidables arrastraban su perfume secreto. También la oración, también Dios.
Los flujos, el sudor, el miedo, o el incienso, las velas...¿por qué hablo de Dios y lo mezclo con los olores. Debe de ser que a mi los años de los grandes ideales me huelen.
Hoy huelo a campo, a mujer enamorada, a otoño.
Pienso en mi padre y lo puedo oler. Y a mi madre también, que está cientos de kilómetros de mi. Me huelen bastantes mujeres. Y hay veces que un olor evoca una persona, o un recuerdo.
Pero hay perfumes que son cárceles. Y, en algunos casos, porquerizas.