Sufro la miseria de un desgraciado que piensa que es buena persona , un hombre podrido por su codicia, que le está cociendo en su propia salsa. También presume de piadoso.
¿ Qué necesidad tiene Dios, que no necesita nada, de pedirnos que se lo entreguemos todo?.
¿ Qué necesidad tiene Dios, que no necesita nada, de pedirnos que se lo entreguemos todo?.
La pregunta está mal planteada.
Lo que de verdad necesitamos es renunciar a los disfraces para estar en disposición de recibirlo todo. Y mientras nos reservemos el último céntimo todavía seremos ricos. El último céntimo es el que nos gana para Dios.
El último céntimo que guardas para ti, te hace chungo. ¡Ese céntimo te hace rico!
¡Es el último céntimo de dinero, de amor, de vergüenza, de miseria!
La entrada me ha recordado al cuento La Leyenda del Santo Bebedor (Joseph Roth):
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